martes, 3 de abril de 2018


LA ECONOMÍA DE COLOMBIA ¿QUÉ FUTURO TIENE CON DUQUE, FAJARDO y PETRO?

Este artículo también está publicado en www.razonpublica.com 

foto: Gabriele Siegrist
¿Qué proponen los candidatos?
Este artículo se centra en las propuestas económicas de los tres candidatos que hasta esta semana estaban al frente de las encuestas en los principales medios.

El análisis aborda aquellos factores estructurales que más influyen sobre el futuro de una economía y el desarrollo de una nación es decir, los relacionados con la productividad como concepto principal para transformar el sistema económico, la sociedad y el Estado.

Por lo tanto el artículo no se detiene en las políticas tributaria, fiscal y pensional, porque estos aspectos han sido bastante debatidos por analistas y los medios, y deben ser funcionales al modelo de desarrollo productivo y a los efectos de unas buenas políticas en materia de educación, ciencia, tecnología, desarrollo regional, emprendimiento y comercio internacional. En Colombia la discusión sobre el crecimiento no parte de los temas centrales sino de aquellos factores que son consecuencia de unas buenas políticas de desarrollo. Hasta en eso se tiene alterada la brújula.

Iván Duque: industria extractiva y economía naranja
El candidato del Centro Democrático confía en que los altos precios internacionales del petróleo pueden sostenerse por unos años más. Por eso no considera necesario comenzar un proceso de cambio profundo para superar la dependencia de las exportaciones minero-energéticas. Por el contrario, en un reciente debate, Iván Duque aceptó la posibilidad del fracking en ciertas zonas.

En su modelo, no hay una acción de Estado para transformar la matriz productiva a través de una política industrial de la cuarta revolución industrial, que desarrolle al mismo tiempo los sectores primarios, de reindustrialización, desarrolle servicios sofisticados, las industrias 4.0 y las energías alternativas.

Las industrias 4.0 a las que alude como centro de su economía naranja son apenas una parte del portafolio sectorial para transformar la economía. En consecuencia, su propuesta para “potenciar las exportaciones de software, fortaleciendo las capacidades nacionales con formación digital temprana, y con incentivos a la inclusión de mujeres y minorías en el sector, así como el desarrollo de una iniciativa que articule programadores con necesidades comunitarias, autoridades locales y recursos público-privados para la transformación digital de la sociedad” no alcanza para impulsar una potente industria de TIC, base de una potente industria naranja.

Por lo tanto, su industria naranja que es parte de la economía digital solo tiene relación con cuatro de las nueve industrias 4.0 (Internet de las cosas, inteligencia artificial, Big Data y datos abiertos, e impresión 3D) y omite otras de mayor o igual impacto en los procesos de diversificación y sofisticación de la economía, como la robótica, la ciberseguridad, la realidad aumentada, los sistemas de integración horizontales y verticales en los procesos productivos de fábricas inteligentes, la fabricación aditiva, y la simulación, las cuales permiten desarrollar una potente industria electrónica, e inscribirse proactivamente en la revolución de las 4.0 y por tanto en la economía naranja.  

¿Y por qué Duque solo reconoce cuatro de las nueve 4.0? Porque en su propuesta no incluye la reindustrialización del país. Es decir, no tiene una propuesta para la evolución de la industria en Colombia y, por eso tampoco habla de implementar una política de desarrollo productivo ni fortalecer los sistemas nacionales y regionales de innovación.

Propuestas irrealizables

Sin posibilidades reales de hacerlo, Duque dice que aumentaría la inversión en ciencia tecnología e innovación (CTeI) hasta el 1,5 por ciento  del PIB es decir, entre cinco y seis veces la inversión actual de Colombia.

Ningún país del mundo ha sido capaz de hacer dicho salto en cuatro años, porque la inversión en conocimiento e innovación no solo es asunto de ordenar más recursos, sino de generar capacidades, condiciones y cultura en las universidades y en las empresas para que haya demanda sostenida de investigación y desarrollo para la innovación (I+D+i) en torno a las necesidades de la política de transformación de la producción.

Tal es la confusión de Duque, que propone concentrar la mayor cantidad de esta inversión, en medicina, la genómica de última generación, la biotecnología y la agricultura. Pero nada dice sobre el desarrollo de una avanzada industria de software, basada en I+D+i y pilar de la economía naranja. Sin embargo, el intentará impulsarla solo con una mayor masa de programadores.

Economía naranja: una ilusión inalcanzable

En los siete proyectos estratégicos de la propuesta de Fajardo, la economía naranja corresponde a dos de ellos: economía digitales – industrias 4.0, e industrias creativas y culturales, como ocurre en los países avanzados y en las economías emergentes más dinámicas. Entonces, solo con economía naranja es imposible lograr metas altas de crecimiento y de cambio estructural.  

Según la OCDE, la inversión en I+D+i en industrias de la economía naranja es la más baja en el mundo. Estas industrias naranja se ocupan más de aplicar de forma creativa una rama inmensa de tecnologías intensivas en I+D+i. Por lo tanto, si las industrias de base no se desarrollan, es imposible que las industrias naranjas puedan liderar el desarrollo de la nación.

Al no tener un marco de política productiva y de CTeI para transformar a largo plazo la dependencia de los commodities minero-energéticos, es imposible que el PIB pueda crecer al 5 o 6 por ciento, como también propone el candidato de Uribe.  

También pretende establecer incentivos de exención del impuesto de renta durante cinco años a las empresas que generen empleos formales permanentes en industrias naranjas. De llevarse a cabo, la propuesta provocará una proliferación de nuevos emprendimientos de limitado valor agregado, tal como ocurre con las apps que impulsa el MINTIC. Al final, el balance no será el mejor.

Duque prevé la creación del viceministerio de Economía Naranja en el Ministerio de Cultura para articular las acciones del Consejo Nacional de Economía Naranja y el Fondo Nacional para el Desarrollo de la Economía Naranja. También propone crear Áreas de Desarrollo Naranja (ADN), que articulen la inversión privada en espacios para los negocios creativos (clústeres, coworkings, etc.), con la renovación de los espacios urbanos que rodean los distritos de los negocios.

Todas estas son acciones necesarias para desarrollar una economía naranja sólida, pero solo tendrán impacto positivo si hacen parte de unas potentes políticas de desarrollo productivo, de innovación y emprendimiento. Sin estas políticas, la economía naranja de Duque será una ilusión.

Así mismo, el emprendimiento como uno de los tres conceptos central de su propuesta  programática, es un decálogo de lugares comunes que desconoce los factores por los cuales el emprendimiento no ha logrado consolidarse en Colombia como un sistema promisorio de oportunidades innovadoras que abra camino al surgimiento de una nueva generación de empresas innovadoras. Y de la paz nada.  

Gustavo Petro: muchas ideas, pocas acciones

Las propuestas económicas de Petro son muy ambiciosas y en varios casos, radicales. Pero no se especifica a través de qué políticas, estrategias o programas las llevaría a cabo.

Como no supera el nivel de los enunciados, sus propuestas tendrían dificultades en pasar de la mera narrativa a acciones concretas de gobierno. Por lo tanto, es muy probable que una buena idea acabe en una frágil aplicación.

Para dar un ejemplo, Petro propone lo siguiente: “Reindustrializaremos sectores estratégicos como el metalmecánico, textil, informático, el transporte, la producción de materiales para la construcción y de gestión integral de residuos sólidos y líquidos, entre otros; fomentaremos el desarrollo científico y tecnológico, así como la consolidación y la estabilización de pequeñas y medianas empresas. Diversificaremos nuestras exportaciones (…), habrá mayor educación y formación científica para producir y exportar bienes y servicios inteligentes, rentables y útiles a la sociedad”

El candidato propone reindustrializar la economía, pero no dice cómo hacerlo. Habla del sector metalmecánico, pero también de textiles y salta al sector informático. Después, brinca al uso de tecnologías limpias en transporte, a los materiales para la construcción y a la gestión integral de residuos, sin contar cómo sería la acción en ciencia y tecnología, la estabilización y el apoyo a las pymes, cómo diversificaría las exportaciones para incluir  bienes y servicios inteligentes.

Como ningún otro candidato, su propuesta hace especial énfasis en el desarrollo sostenible. Petro menciona algunas acciones, todas válidas, pero sin una política para desarrollar las industrias de las energías alternativas y otras industrias y tecnologías de los nuevos negocios ecológicos, como parte de la estrategia de reindustrialización de nuevo tipo.

A pesar de lo anterior, la propuesta que más se destaca es transformar Ecopetrol en una empresa del conocimiento para el desarrollo de energías alternativas, sin perjuicio de la  extracción petrolera durante la transición.

Sergio Fajardo: educación y desarrollo productivo

El despegue de una economía productiva requiere de la formación de ciudadanos, trabajadores y empresarios que puedan aplicar su conocimiento en la actividad económica. Por eso Fajardo propone usar el conocimiento para potenciar la producción de alto valor agregado, la innovación en las empresas y la transformación de las comunidades.

En la medida que la productividad aumente actuará como motor del desarrollo económico, generando empleo de mejor calidad, mejores salarios, y oportunidades para nuestros ciudadanos, trabajadores y emprendedores.

El candidato de la Coalición Colombia propone tres ejes: la educación como clave para desencadenar el proceso; la sostenibilidad ambiental como sello para un desarrollo económico sostenible; y los Objetivos de Desarrollo Sostenible como referente principal para la fijación de metas de gobierno.

A su vez, la propuesta se agrupa en cinco grandes pilares: Desarrollo productivo. Política social.  Responsabilidad económica. Plan de reactivación. Proyectos estratégicos. Por razones de espacio, me ocuparé solo del primer pilar y de los proyectos estratégicos.

Desarrollo productivo

Hará más eficiente, sofisticado y diversificado el aparato productivo colombiano; es decir, mejorará la productividad de las actividades económicas existentes e impulsará nuevas actividades. Si es así, la política de desarrollo productivo deberá: 1) apoyar actividades que ahora jalonan las exportaciones, el empleo, los ingresos tributarios; 2) Apoyar actividades de alto valor agregados que en los últimos años han empezado a consolidar un posicionamiento internacional (naval, servicios de salud de alta complejidad, por ejemplo); y 3)   Impulsar las que van a emerger como industrias avanzadas (sector aeronáutico), otras de la revolución 4.0 y las energías alternativas. Será clave relanzar la industria electrónica, sin ella el desarrollo de otros sectores avanzados será incompleto.

Estas tres grandes ramas de bienes y servicios, deberán tener instrumentos de corte transversal y otros específicos según sus características e impactos en la economía. Así es la economía de la innovación para el desarrollo.

Con estos criterios, se articularán los sectores productivos con los siete proyectos estratégicos basados en educación, ciencia, tecnología, innovación, emprendimiento y cultura (ECTIEC) y las agendas regionales de desarrollo productivo. La figura muestra como desde el autor se puede leer la política de desarrollo productivo.




Para ello, el presidente liderará directamente la agenda de cambio productivo y se reunirá cada mes con el Consejo Nacional de Competitividad y de CTeI. El DNP volverá a su vocación histórica como la entidad que lidera las prioridades presidenciales en el gobierno.

Se fortalecerá el Sistema Nacional de Competitividad, Ciencia, Tecnología e Innovación para crear un potente ecosistema de innovación que apoye la investigación básica y aplicada en centros de investigación y universidades, la transferencia de tecnología al sector empresarial, la creación de empresas y su crecimiento y que incentive el capital de riesgo e impulse la globalización de empresas y tecnologías exitosas.

La política productiva tendrá cuatro frentes para un aumento sostenido de la productividad.

Enfoque Territorial. Los gobernadores y alcaldes, en articulación con el Gobierno Nacional, definirán e implementarán las agendas productivas de sus territorios, y el presidente se reunirá una vez al año con cada una de las Comisiones Regionales de Competitividad (CRC).

Sofisticación y eficiencia. El objetivo es una mayor complejidad de lo que se produce y el aumento de la productividad de las actividades económicas existentes.

Diversificación. Se propone el apoyo y seguimiento a las empresas para que innoven y se expandan hacia nuevas industrias. El fomento a la creación de nuevas empresas y a la entrada a nuevos sectores es el motor de desarrollo del tejido empresarial y del ecosistema de emprendimiento, el cual tendrá atención del Estado desde la creación, la supervivencia en los primeros años y durante el proceso de crecimiento de las nuevos emprendimientos. También en las etapas previas, como el incentivo a la investigación en universidades y centros de investigación que apunte a desarrollar productos y servicios con oportunidades de mercado. Es deseable que Innpulsa se convierta en una agencia del estado como rectora de una política nacional de emprendimiento.

También habrá un apoyo al emprendimiento social y un paquete de apoyo integral para la supervivencia en los primeros años de las MIPYMES (Estrategia de Cero a Siempre Empresarial).

Exportaciones y comercio internacional. La política comercial se enfocará en lograr mayor acceso al mercado global de los productos y servicios que surjan de los esfuerzos de la política de desarrollo productivo, lo que incluye la revisión de los TLC.

Proyectos estratégicos: objetivos de país
Estos transformarán las capacidades, el conocimiento y la riqueza cultural en oportunidades de crecimiento sostenible y empleo de calidad. La definición de metas, el trabajo cotidiano en la definición de objetivos, servirán como pedagogía para que la sociedad pueda ver en la práctica y en la cotidianidad a científicos, emprendedores, formadores, innovadores, como los protagonistas de la nueva página de Colombia.
Los siete proyectos estratégicos iniciales son:

·         Biotecnología;
·         Ecoturismo;
·         Energías renovables;
·         Economía digital e industrias 4.0;
·         Industrias culturales, artesanales y creativas;
·         Agroindustria;
·         Ciudades sostenibles.

Debería sumar las industrias de salud (mejores servicios, más I+D+i, y nuevas empresas innovadoras derivadas de emprendimientos más sofisticados y disruptivos) para desarrollar  industrias y servicios de alta complejidad, que serían parte de un mejor servicio de salud para todos.

La política económica y las acciones de la ECTIEC necesitarán un banco de desarrollo, que debe discutirse junto con los otros miembros de la Coalición, porque el acuerdo programático de la Coalición Colombia fue definido por doce años.

A pesar de que la propuesta todavía no incluye de dónde saldrán los recursos para los siete proyectos estratégicos, ni cómo se aplican, es en definitiva la propuesta más rigurosa, mejor estructurada, viable, inspiradora y consistente de las tres.

Debilidades y fortalezas de los tres candidatos
En Duque, la principal fortaleza está en las propuestas de economía naranja, aunque sin una política de desarrollo productivo puedan ser ilusorias. Otra de sus debilidades es la incertidumbre sobre el futuro del proceso de paz.

En Petro, la gran fortaleza es el énfasis en materia ambiental y de sostenibilidad de las ciudades y el campo. Su talón de Aquiles, como ya expliqué, es no especificar cómo llevará a cabo sus propuestas en cuanto a políticas, estrategias y programas concretos.

En Fajardo, la principal fortaleza es el énfasis en la educación y el desarrollo productivo con ECTIEC, aunque deja todavía cosas para mostrar en el camino.

Tanto para Fajardo como para Petro, la renovación del campo es muy importante. En Duque, el campo es marginal y tiene escasas y ya conocidas acciones.

En Fajardo y Petro la equidad está a lo largo de sus propuestas, en Duque son enunciados de más de lo mismo.

sábado, 24 de marzo de 2018


¿EL CAFÉ DE LA ESPERANZA? ENTRE DE LA CALLE Y FAJARDO, Y LA "FIESTA" DE LA DERECHA RADICAL


Foto: Gabriele Siegrist
Decantados los resultados de las elecciones del 11 de marzo, y creyéndo muy poco en las encuestas, la mayoría de candidatos del pelotón puntero están en el partidor de la primera vuelta en condiciones bastante parejas, porque entre los dos extremos, el uribismo y Petro con dos millones setecientos mil votos y la Coalición Colombia con dos millones cien mil votos, nadie tiene segura la victoria o la derrota, por eso los godos y los de la U empiezan a poner precio su apoyo al Duque de Uribe o al Vargas de Santos.

En las consultas de los populismos de derecha y de izquierda, donde cualquiera votó como lo de dio la gana, porque amigos o enemigos podían hacerlo, Colombia va para el 27 de mayo en medio de una gran incertidumbre y el peligro de una radicalidad ultraconservadora. 

Entonces, la ciudadanía está a merced de una terrible manipulación a través de las encuestas, en la que puede caer presa si no se informa y decide con base en sus criterios, si los partidos no transmiten bien su mensaje programático, y si los medios no hacen debates inteligentes y a profundidad y no de lugares comunes donde todos los medios reproducen las mismas preguntas como si hubiera un pacto donde están igualmente libreteados, como si no existieran aspectos tanto o más importantes o diferentes que tratar. Un debate que a veces tiene preguntas superficiales como si los candidatos a la presidencia deben tener memoria enciclopédica en la era de la información digital, de las big data y de la inteligencia artificial. Es claro que la economía digital y de las industrias 4.0 es aún un tema de otros y no de nosotros, aunque si es uno de los siete proyectos estratégicos de la propuesta económica de Fajardo.

En los jóvenes está el futuro de Colombia porque a los abstencionistas de más años difícilmente se los saca de su indiferencia, pues perdieron la confianza en los políticos, en las instituciones, en el modelo de crecimiento y en los poderes del estado. Solo algunos se movilizarían en torno a la candidatura de Fajardo y de la Coalición Colombia, porque es lo nuevo, sensato y distinto a la política de más de los mismos y de las mismas, y a la aventura petrista.

En este contexto, un tema en el cual insisten los medios en cuanta entrevista hacen a De la Calle y a Fajardo (por orden alfabético), es la insistencia de una alianza entre ellos, que algunos quieren extender a Petro, asunto que amerita reflexión aparte y momento oportuno.

Mockus hizo las primeras gestiones, nombraron de compromisarios a Claudia López y a Héctor Riveros para iniciar conversaciones, y al final el "milagro" de  la taza de café que De la Calle propuso a Fajardo y que éste aceptó de inmediato. Sin embargo, todo arranca con el impedimento jurídico de De la Calle para sumarse a Fajardo porque el partido liberal debería pagarle al estado los 42.000 millones que le costó a la registraduría  hacer la consulta interna; y dado que la segunda parte de la pregunta, en la cual se piden facultades para hacer coaliciones, aun no tiene concepto de autoridad competente en cuanto a si exime al partido de girarle al estado esa plata. Es increíble que el país no tenga claridad en la materia, porque los partidos interesados tampoco la tienen o porque no lo quieren decir, y esto incluye a Petro que tiene aun más restricciones jurídicas que De la Calle. Insisto, no han sido honestos con la nación y con la Coalición Colombia, que deberá incluir este asunto en el comunicado, si  no llega haber segundo café. 

El diálogo comienza con ese obstáculo pues obliga a la Coalición a deponer de entrada sus aspiraciones y abortar un trabajo serio y responsable construido en un año largo y cuya génesis data de hace 18 años. Esto es imposible, porque sería una locura y sus seguidores saldrían en estampida para distintos lados, sobre todo al voto en blanco o la abstención, y porque no está en la cabeza de Fajardo, de Claudia y de Robledo entregar la Coalición al primero que pase por el frente.

Si en el café resuelven el tema jurídico, pasarán a temas de fondo, como la corrupción, que implica el fin de los contratos y nombramientos a dedo, el fin de los cupos indicativos regionales o mermelada, y la reforma a la justicia, porque en términos de la paz y de las propuestas de desarrollo podría haber incluso un enriquecimiento superior si suman las dos visiones.            

Ahora bien, la situación y la viabilidad política es asunto determinante. ¿Está el Partido Liberal dispuesto a parar la maquinaria de malas prácticas políticas y convertirla en una fuerza política transparente? ¿las bancadas liberales elegidas el 11 de marzo tendrán disciplina de partido para ver si son o no sostenibles esos votos, o por el contrario, la mayoría se irán con el Duque de Uribe, y unos pocos con Vargas y listos a saltar al uribismo?

En Colombia, los partidos son importantes para los congresistas en las elecciones parlamentarias, de ahí en adelante, muchos actúan como ruedas sueltas. Se observa como la U y los conservadores están poniendo precio a sus cabezas para apoyar a Vargas y sobre todo a Duque, pero ninguno ha dicho que les gustaría sumarse a De la Calle o a Fajardo. Este no es detalle menor, es un detalle político, ético e ideológico de fondo, y aquel debe tratarlo al interior de su partido para saber si tiene interés de jugar con la Coalición o si toma camino con la corrupción del continuismo uribesantista.

A más de factores jurídicos hay factores de tiempo que están en contra de un pronto acuerdo, aunque con voluntad se pueden solucionar. Si se despeja la viabilidad política, vendría un proceso de acordar un texto general y otro programático. El primero no tiene problema y serviría para cerrar el café. El segundo toma más tiempo y es necesario. Basta recordar que para conocerse, lograr confianza suficiente y estructurar la propuesta programática de 27 páginas, le tomó a la Coalición un año de trabajo.  Y el reciente pacto entre Ángela Merkel y los partidos de oposición para hacer posible la gobernabilidad de Alemania, se demoró cinco meses e incluyó la elaboración de un documento de 73 páginas, como me recordó un amigo. Entonces, se escuchan muchas voces que gritan: “únanse, únanse, únanse”, “conversen, conversen, conversen”, pero escasas luces para orientar la reflexión hacia una Coalición ampliada y más potente y duradera como la Concertación en Chile o en Uruguay.

Sin embargo, si de aquí al viernes 6 de abril no está definida la alianza entre Fajardo y De la Calle, deben cerrar ese tema porque la desazón que está generando la incertidumbre, los destruirá, y lo más grave, se destruirá la opción de una transición serena que Colombia necesita, porque el escenario para Colombia con Duque es pavoroso, y con Petro, un salto a la ineficiencia. 

De la Calle, con el 4% en las encuestas, no trae votos, por lo tanto, él como persona con otr@s sensat@s más, es lo que realmente aportará, y eso es lo que valoran los que claman la unión. Por eso, esa semana después de semana santa debe quedar despejado el panorama porque si no terminará alejando a la gente que se está aburriendo de la manoseadera mediática. Fajardo con el 17% en las encuestas y no De la Calle con el 4%, es el que debe liderar esa alianza.

Los peligros con la derecha radical de Uribe 

El Duque de Uribe ya dijo que revisará y cambiará cuantas veces sea necesario el acuerdo de paz, lo cual significa impunidad para terceros y para los agentes del estado de los falsos positivos, recortes a las reformas territoriales, rurales y sociales que el acuerdo determina, e intervenir a la JEP (Justicia Especial de Paz) para que haya impunidad para terceros agitando una mayor sed de venganza con las FARC. Así mismo, ha anunciado el retorno a las Convivir, y a otras acciones represivas que hicieron del gobierno de Uribe el más violento de los últimos 60 años en América Latina.  También Uribe ha dicho que en un gobierno de su elegido pondrá en cintura la libertad de prensa porque ya amenaza a medios independientes, como Noticias Uno.

La idea de economía naranja solo es una pequeña parte de la nueva economía y de las nuevas tecnologías, y por tanto su divagación sobre big data, redes, no tienen contexto fuerte. Es una propuesta menor y como centro de una política de competitividad del tamaño de la de Colombia, atrasada en términos de productividad, con alta tasa de informalidad, con inmensas brechas territoriales, y abismales diferencias en educación y en conocimiento, es un sofisma pensar que a través de ella se generarán las grandes oportunidades para la mayoría de colombian@s. Es una estrategia menor para una propuesta económica limitada que solo busca congraciarse con el sector privado a través de dádivas tributarias y nada más, que no podrán cumplir porque la situación macroeconómica es apretada, tiene distorsiones profundas, así los precios del petróleo sigan siendo favorables, razón por la cual Duque no habla de superar la dependencia de los minero energéticos para transformar la estructura productiva con una nueva política industrial 4.0 y de industrias ecológicas, sin lo cual el sofisma del emprendimiento se le cae porque no todo el mundo quiere o tiene capacidades para empresas naranjas, y además porque apoya el fracking,  y el uso del glisfosfato contra los cultivos de coca.  



martes, 13 de marzo de 2018


LO QUE VIENE EN LAS ELECCIONES POR LA PRESIDENCIA DE COLOMBIA: EL TRIUNFO DE LA ESPERANZA. (IV) 


Un sistema electoral desastroso y la deshonestidad de Petro y de De la Calle con Fajardo y la Coalición Colombia


Foto: Gabriele Siegrist

El 11 de marzo será recordado como un día de la esperanza en medio de la incertidumbre de la turbia política colombiana, donde las encuestadoras se prestan para manipular a la opinión, pues los últimos sondeos daban empate entre Duque y Petro y resulta que el primero dobló al segundo, y también mostraban a un Fajardo en caída libre cuando las elecciones de ayer indican un ascenso libre. Insistí en mi anterior columna que no había que creerles porque obedecen al interés de quien les paga, en este caso asustar con Petro y subir a la ultraderecha.

Con los resultados electorales del 11M, Colombia no tiene una radiografía clara de la situación política porque las consultas de los partidos son abiertas (en los países serios solo son para los miembros carnetizados), entonces, en éste país las personas pueden votar con distintas intenciones, desde votos saboteo a favor de Petro para acabar de asustar a la dirigencia de ultraderecha y del centro, o votar por alguien que no es su candidato pero con tal de dañarle el caminado a otro van y votan, caso de sufragantes de otros partidos que votaron a favor de Martha Lucía para fastidiar a Uribe. De esta manera, el lector puede continuar haciendo todos los cruces torcidos y no torcidos imaginables, y cualquier encuesta en estos días será mentirosa y manipuladora porque no hay ninguna certeza política a partir de los resultados del domingo. Un sistema electoral desastroso como desastrosos son los partidos distintos a los de la Coalición Colombia. Pero ¿qué más sucedió el 11M?    

1) Emergió la Coalición Colombia liderada por Fajardo y conformada por la Alianza Verde, el Polo Democrático y Compromiso Ciudadano. Hoy es la tercera fuerza en senado y cámara. Sin publicidad en los medios, sin comprar un voto, sin ofrecer un contrato, sin amenazar a nadie, y con recursos escasos, caminaron juntos por Colombia y ganaron. Así empezó Fajardo este sueño hace 18 años y así sigue actuando, con consistencia y coherencia, ahora con Claudia López, Jorge Enrique Robledo, y otr@s. En senado quedaron a un escaño de “El Mejor” (Vargas), y a tres de “Él” (Uribe).  Es decir, dos políticos con movimientos cuya razón social se parece a una cadena de mercados populares, o un político sin nombre, como si no hubiera sido bautizado.

2) Se conoció el techo de la extrema derecha: seis millones de votos, y con esa cantidad no pueden ganar la presidencia ni en la primera ni en la segunda vuelta porque se necesitan ocho  millones en mayo y diez en junio, si la tasa de abstención se mantiene. El uribismo no da un voto más luego de un caudillismo tormentoso y doloroso para millones de colombianos, y de atraso para la nación. Conservadores y liberales afines votaron para derrotar a Petro, olvidándose que al castrochavismo se llega por la vía rápida de una mala derecha.

3) Petro logró la votación más alta de la izquierda en la historia de Colombia, pero nunca estará cerca de ganar la presidencia como estuvo Gaitán. Logró llevar sus listas al congreso, sin embargo, su techo son dos millones ochocientos mil votos, sin incluir los quinientos mil de Caicedo, y nada más, y así no pasa a segunda vuelta.

4) Vargas y el Consejo Electoral deben explicar cómo logró tantos congresistas cuando su imagen está por el piso: no apoyó el proceso de paz, su partido tiene demasiados en la cárcel o ante la justicia, es taimado y vergonzante, da coscorrones y reparte arrogancia. Su candidatura no despega y por eso nadie le aceptó la vicepresidencia, solo su comodín, y al final le llega Pinzón con 1% en las encuestas, en su mayoría militares. Y salvo congresistas deleznables de la U y del partido liberal, nadie respetable le llegará.

5) De la Calle tenía un enorme dilema, por un lado atacar la corrupción y por el otro tener un partido con el vestido sucio. Ahí estaba el problema para la alianza con Fajardo. Muchos pedían que éste y la Coalición se taparan la nariz y miraran a otro lado, porque lo importante era frenar a la ultraderecha, desconociendo la frase de Fajardo: “el fin no justifica los medios”, entonces, no le pedían a De la Calle que sacudiera el vestido del Partido Liberal para llegar a la Coalición, pedían que esta se ensuciara.  En consecuencia, el problema no estaba en la cancha de Fajardo, el problema estaba en la cancha liberal. 

Sin embargo, creo que si hubieran firmado un acuerdo para que el partido se sumara a los principios éticos de la Coalición y a las luchas contra la corrupción de Claudia y Angélica, hubiera sido probable una alianza – dado que en términos de afianzar la paz y de las bases programáticas no había problema -, porque el liberalismo hubiera vuelto a los fundamentales de su ideología: la justicia social, la paz, el desarrollo, y a la ética de Echandía, de Alberto Lleras y de Carlos Lleras, de López Pumarejo, y de tantos otros, entre ellos Galán, donde se nutrió Iván Marulanda, hoy nuevo senador de la república de Fajardo.  

Sin embargo, y esto es lo más grave, De la Calle siendo un reconocido jurista y constitucionalista, curtido en campañas políticas y electorales, nunca dijo que una alianza con Fajardo estaba determinada a que éste se sumara a él porque tenía el impedimento de tener que pagar al estado los recursos que invirtió en la consulta liberal: 40.000 millones de pesos. Entonces, un eventual acuerdo estaba determinado a la renuncia anticipada de la aspiración por parte de Fajardo y su adhesión incondicional. De esta manera, la Coalición Colombia estaba obligada a renunciar de antemano a sus objetivos.  

Lo mismo ocurrió con Petro, que tampoco dijo que una alianza con Fajardo solo era posible si éste renunciaba a su candidatura, porque al revés era imposible porque tendría que girarle equis millones al estado. Entonces, De la Calle y Petro no fueron honestos con Fajardo y con el país. La Coalición lo viene diciendo desde el 20 de diciembre que irá sola hasta la primera vuelta, y lo ha repetido una y mil veces ante el acoso de analistas y medios por empujar coaliciones imposibles. Cualquier alianza con De la Calle era imposible desde cuando su partido alimentó la consulta interna. Es decir, hace cuatro meses, y cuatro meses callado.  Las conversaciones entre la Coalición y el liberalismo, gracias a los oficios de Mockus, y que estarán bajo la responsabilidad de Claudia López y de Héctor Riveros, parte con este impase ético y jurídico.  

5) El sueño de la nueva fuerza tuvo un hecho excepcional. Bogotá votó para liderar un quiebre en la tendencia de un país política e institucionalmente desahuciado y mediatizado. En la capital, la Coalición derrotó a Uribe, Vargas, liberales y conservadores, y puso los votos para darle un mensaje a la nación: la guerra se acabó y la lucha contra la corrupción empezó para que sea posible la reconciliación y la sensatez se abra camino.  Y también en Medellín, la Coalición sin Fajardo en campaña, quedó segunda detrás del caudillo de ultraderecha

Así las cosas, la fuerza de la esperanza es ante todo una fuerza de la ética, de la sensatez, en consecuencia, de la inteligencia y la equidad, y sobretodo de la coherencia y de la consistencia. La Coalición Colombia no debe ceder un milímetro en los principios y llegarán millones por la puerta abierta. donde si hay espacio para negociar es en la propuesta programática para fortalecerla, así como las posturas ante la paz, cuando la derecha amenaza volver trizas lo poco que quedó.    

Finalmente, se necesita que los medios dejen de agitar alianzas de todos con todos, y se concentren en el debate de las ideas.


     
     

martes, 6 de marzo de 2018


FAJARDO Y LA COALICIÓN DE LA ESPERANZA. Elecciones de Colombia 2018. (3)


Esta columna también está publicada en la sección de opinión de www.confidencialcolombia.com 


Foto: Gabriele Siegrist
Se siente el repudio por las agresiones a los candidatos presidenciales. No se quiere más violencia política porque la inmensa mayoría de ciudadanos no desean iniciar un nuevo ciclo de barbarie que sería peor que los anteriores, porque hay un desmantelamiento institucional por la crisis de clientelismo y corrupción de los tres poderes, y por el creciente resentimiento  al sistema “democrático” y económico que ha decretado el desamparo, el atraso y la inequidad perpetua para la clase media y los más pobres, aquí y en el mundo. Ya no existe estado del bienestar, ahora existe un 
estado débil al servicio del mercado y no para el bien común y de los empresarios. 

Por eso, los populismos de derecha y de izquierda, con su palabrerío, son el retorno al pasado en ideas y maneras de gobierno, y es el instrumento con el cual se está polarizando a Colombia. Los discursos de Uribe, Vargas y Petro, son el camino a una idea parecida a la Venezuela de hoy. Allá se llega por la inequidad, el atraso, las promesas incumplidas, el populismo, el clientelismo y la corrupción.  No responden a nuevas realidades de Colombia y del mundo. No son invocaciones a la construcción y a la reconciliación, si no a la lucha de clases que ya nadie compra, le apuestan a la agresión y no a la argumentación, a ideas del crecimiento agotadas y superadas y no a nuevas narrativas del desarrollo.

Lo grave, ciertos medios agencian esta polarización y quieren llevar a Colombia al triste pasado y no a un futuro de esperanzas. Lo hicieron cuando pusieron a Peñalosa en la alcaldía de Bogotá y ahora quieren repetir con Duque, asimilándose a un populismo de trampas y mentiras. Las encuestas en Colombia mienten, se venden y se hacen según como la quiere el que las paga. Es el legado que dejó J.J. Rendón: la posverdad como estrategia y manipular encuestas como medio. Así ocurrió en la campaña del 2010, cuando Santos lo trajo para derrotar a Mockus.

Por lo anterior y mucho más, el discurso de Fajardo y de la Coalición Colombia es una respuesta decente y contundente a la decadencia. La manera tranquila, sin odio ni agresiones, con argumentos, con el estilo de un matemático, y no del que estamos acostumbrados escuchar de “líderes” extensos en la palabra, ricos en promesas, temperamentales, pero no por ello renovadores y consistentes, porque si no Colombia sería otra.

Fajardo no es capaz de un discurso populista. Riñe con el estudio, la investigación y la docencia en matemáticas. A su lógica de pensamiento se suma una gran sensibilidad humana, por eso ha gobernado y ha sido posible la Coalición Colombia con Claudia López, con Jorge Enrique Robledo y otros, con tantos jóvenes políticos de la Coalición que aspiran al congreso, con decenas de expertos que consignan sus ideas en sus propuestas, y con los jóvenes profesionales que sueñan y hacen el día y la noche de la campaña.

Lo han catalogado de “tibio” porque su campaña no esgrime odios ni agresiones y porque él y la Coalición hablan de reconciliación, de educación y de escribir nuevas páginas. Las palabras fuertes y desbordadas le dieron a Colombia  600.000 muertos, más de 100.000 desaparecidos, y más de 10 millones de víctimas en 70 años de guerra. Eso no es tener carácter, es tener una actitud enferma hacia la violencia y en contra de la vida. Columnistas y medios sensatos le dan la razón. Piden no más violencia política. Y las redes llenas de mensajes iguales.  La razón se impone por la evidencia y la argumentación. 
  
Dicen algunos que “le falta ser más concreto”. La semana pasada presentó la política económica. Se ha dicho bastante en distintas páginas, de la seriedad, ponderación y novedades de la misma. Por eso me centraré en el corazón de esa política.

El primer punto alude a tener una política de desarrollo productivo que conduzca a mediano y largo plazo a superar la dependencia de los commodities minero energéticos, para ello, la estrategia se dirige a mejorar la competitividad y elevar la productividad, con base en dos orientaciones o rutas convergentes: una, consolidar sectores existentes que conforman el grueso del PIB, las exportaciones, la generación de empleo y los ingresos tributarios, para mejorar la competitividad interna y externa; y dos, elevar la productividad, impulsando nuevas actividades de alto valor agregado donde el país viene produciendo e innovando, y otras inéditas porque hacen parte de la revolución de las industrias 4.0 y de las industrias ecológicas, como las energías alternativas. En este segundo grupo de sectores desplegará Colombia su mayor potencial humano, científico y emprendedor.

Las dos estrategias sectoriales estarán soportadas en siete grandes proyectos estratégicos (también se pueden leer como grandes misiones del desarrollo), los cuales tendrán agenda de corto, mediano y largo plazo, y cuya concepción es la siguiente: su enfoque territorial y sostenible, serán de tipo de transversal para apoyar sectores existentes y nuevos, y se adelantarán con base en  la acción combinada entre educación, ciencia, tecnología, innovación, emprendimiento y cultura.


Veamos un ejemplo sencillo de proyecto de este tipo, con base en industrias e investigación en biotecnología. La educación responderá con programas de calidad para ofrecer el mejor recurso humano; la investigación científica se fortalecerá e intensificará entre empresas, centros de investigación de las universidades y públicos; el emprendimiento se incentivará para crear nuevas empresas innovadoras; y al estar asentados los recursos en los territorios, el factor cultural es clave, porque es un factor endógeno del desarrollo, como dice la literatura. En síntesis, el núcleo del desarrollo económico lo integran la estrategia productiva, los proyectos estratégicos, y la educación, la investigación, el emprendimiento y la cultura. Es una potente concepción del desarrollo desde la economía de la innovación.

Lo anterior se complementará con una reforma tributaria estructural funcional a la política de desarrollo productivo, y también cumplir con un responsable manejo macroeconómico. Con más ingresos, y una vez se inicie desde el primer día de gobierno el ataque a la corrupción, como ya lo anunció Fajardo, llegarán los recursos para la educación y para todo el inmenso desarrollo social que Colombia tiene pendiente. Con estas y las cinco medidas de choque que están consignadas en el documento de la política, se generará un millón y medio de nuevos empleos.                 

Fajardo es pragmático, es continuista de lo bueno, se compromete con lo que puede cumplir, si las cifras no le cuadran o convencen, las omite, con el riesgo de que medios y contrincantes digan que le falta concretar. Él prefiere correr ese riesgo a prometer y luego no cumplir, porque es responsable y no es populista. Fajardo y la Coalición son decentes, decididos, inteligentes  y consistentes, pero no pusilánimes y pendejos. Son la antítesis de una sociedad superficial Olvídese de las encuestas y a votar con conciencia, porque se puede transformar a Colombia sin violencia, corrupción y con la visión de un proyecto de nación.

Después del 11 de marzo Fajardo reafirmará los principios en la lucha contra la corrupción, conversará y recibirá a aquell@s que lleguen por las puertas abiertas a fortalecer la Coalición, reiterará la reconciliación y la sensatez, desplegará a muchas manos el plan de gobierno para que se riegue por toda Colombia. La gente liberará la creatividad para despertar la emoción, y así el sueño de la esperanza se convertirá en victoria. El triunfo de las listas de la Coalición Colombia el 11 de marzo, ya indica que la fuerza de la esperanza podrá ganar la presidencia de Colombia.





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