lunes, 2 de noviembre de 2026

DESASTRE POLÍTICO Y ECONÓMICO

AMENAZA A COLOMBIA

Publicado en Revista Sur


La mayoría de colombianos no acaba de entender cómo fue posible que un personaje superficial, ignorante y agresivo ganara la Presidencia de la República. Siguen sin entender ni aceptar, porque desde el primer día de su tramposa victoria y desde el primer minuto cuando se posesionó como ilegítimo mandatario en una ridícula ceremonia, no ha pasado un día sin que se produzca una mala noticia desde el Palacio de Cartón que en un mes le construyeron en Barranquilla. 


Todo es malo


Sus medidas para reprimir la justa y legítima protesta social a los dos meses y siete días de haber jurado traición a la patria, porque es ciudadano Estados Unidos antes que colombiano. Como no hizo empalme con el gobierno de Petro no sabe qué país recibió por eso tanta improvisación, silencio y decisiones equivocadas. Su agenda internacional es una desastrosa concepción de las relaciones, deberes y derechos del país con su gente y con el mundo. Frenar la reforma pensional es dejar que los ahorros de los colombianos para pensionarse estén en fondos privados como inversiones en el extranjero constituyendo otra fuga de capitales y otra carga para el Estado. Las acciones de orden público han resultado en una peligrosa inseguridad en los territorios, porque el gobierno no es ajeno a las economías ilícitas. El plan nacional de desarrollo y las políticas, estrategias, programas y proyectos son desconocidos, puesto que no hay debate concertación y discusión, únicamente cada ministra o ministro dicen cualquier cosa de cualquier manera y luego desaparecen, mientras en silencio elaboran la toma del Estado para entregárselo a agentes del mercado y contentar al FMI y al BM. Y lo peor son sus medidas económicas: primero, al lograr que el Congreso de la República le aprobara un presupuesto nacional, 89 billones más alto que el último de Petro, desconociendo que el anterior Congreso, la Corte Constitucional y el Consejo de Estado, le negaron recursos con los cuales atender el Fenómeno del Niño, aumentar la inversión social y la inversión productiva, que también fue deliberadamente parada por las empresas para afectar el crecimiento y aumentar la mala propaganda contra el gobierno progresista, impidiendo que el crecimiento fuera mayor y menor la deuda de la nación y el déficit fiscal. Por eso, para poder usar los 89 billones adicionales en el presupuesto, recurre a una ley de financiamiento fiscal que incluye una reforma tributaria del mismo tipo de aquella que derivó en 2021 en una protesta social.


Pero todo les fracasó, porque creyeron qué si no le daban plata a Petro, esos recursos quedarían para el siguiente gobierno, que sería de ultraderecha y neoliberal como lo ordena la franquicia del neofascismo internacional. Pero lo que no vieron fue que los gastos de la nación son fijos (nóminas, deuda e inversiones por aquello de los presupuestos futuros) dejando para nueva inversión un 12% del presupuesto total de la nación. Desconociendo también que los gastos de la nación para funcionamiento y pago de deuda se incrementan año a año, por tanto, haber negado nuevos recursos al gobierno de Petro fue un acto irresponsable de efectos devastadores, porque los gastos del Estado aumentan anualmente, agravados por una baja tributación: 40% menos que el promedio de la OCDE. Si se frenan recursos al gobierno durante dos o tres años, se incrementan sus compromisos produciendo un efecto recesivo para los siguientes años. Es decir, el cuatrieño del ilegitimo gobierno transcurrirá con un inmenso saldo en rojo. De tal manera, las restricciones que impusieron los poderes legislativo y judicial al gobierno progresista, aniquilarán al gobierno neoliberal. Estas son razones por las cuales el déficit fiscal puede superar el 9% en 2027, convirtiendo a Colombia en un espantador de inversionistas y quedar a merced de las obligaciones que imponga el FMI para prestarle plata, reducir y privatizar el Estado.


No hay condiciones para que la inversión privada se active, únicamente la de Trump en aquellas actividades que el desconocido acuerdo firmado con el presidente ilegítimo lo permita, entre otras razones, porque la Misión Crecer es una insulsa estrategia de competitividad tal cual las de los años 1981 – 2022, y no un plan de largo plazo para avanzar en el cambio estructural que tímidamente inició Petro con la política nacional de reindustrialización. 


Un país sin misiones



Mariana Mazzucato

Colombia debe impulsar la neoindustrialización con seis grandes misiones: agricultura – agroindustria, industrias de salud, energías alternativas, movilidad sostenible, defensa, y una que integre electrónica, robótica e IA. Si así sucediera, Colombia en tres o cuatro años empezaría a crecer al 5 o 6%, de lo contrario es imposible y todo será mentiras para propios y extraños. 
En este contexto interno las ideas de los nuevos premios Nobel de Economía, son una explicación del comportamiento del capitalismo de estos días. Una sociedad de consumidores (si compran más, crece más la economía, con riesgo de inflación), pero si el consumo baja porque no son claras sus expectativas de ingresos futuros, bajan los precios y el crecimiento de la economía). Entonces, las medidas de política se orientan a estabilizar el ciclo económico y la inflación, donde los bancos centrales se dedican a analizar la economía y a diseñar la política monetaria. En otras palabras, es un neoliberalismo débil, tanto que hay una simplificación teórica y ninguna visión de recuperación y estabilización basada en nuevas condiciones de política que disparen el crecimiento, la estabilidad y los equilibrios en la economía, y mejoras sostenidas de las condiciones sociales.


Países rezagados como Colombia deben apostar a la neoindustrialización a través de las misiones arriba referidas respaldadas en los siguientes pilares: educación, cultura y territorios, ciencia y tecnología, sistemas de movilidad sostenibles para ciudades sostenibles y distritos de innovación, periferias y fronteras atendidas y no abandonadas y agredidas, cambios en las políticas para hacer frente al calentamiento global, y acuerdos institucionales con el fin de doblegar la ilegalidad, corrupción, cortoplacismo y distribución del poder entre élites afines, intelectual, ética y moralmente débiles. 


Entonces, si hay un proceso sostenido de neoindustrialización necesariamente se requiere desarrollar unos pilares claves como los recién referidos, logrando un equilibrio y un proceso de desarrollo armónico, inspirador, sostenido, tranquilo y duradero. Pero esta dimensión está lejos del presidente, del vicepresidente Restrepo y del gabinete, y lejos también del poder económico, político, de la justicia, y la academia. Entonces, todo seguirá igual de mal y peor.


Días tristes por venir



Cuando la economía emprende un largo ciclo de desarrollo, la demanda de los ciudadanos aumenta, y surgen mejores controles, soberanía y proyección sobre el comportamiento macroeconómico. Esto no ha sucedido en Colombia, ni siquiera remotamente la política económica tiene algún contenido que permita creer que están pensando algo nuevo, consistentemente positivo y duradero. Todo lo contrario.


En países estructuralmente débiles y atrasados es donde más se percibe la decadencia neoliberal, que se ampara en gobiernos neofascistas, denotando que hay una crisis de valores y de sueños lejanos de pensar y hacer realidad nuevos anhelos. El repudio de Colombia a un presidente ilegitimo es tal, que ya se empieza a movilizar de manera multitudinaria a pesar de las amenazas con truculentos decretos represivos.


Colombia empezó a movilizarse de manera multitudinaria y no aceptará insensatas medidas pensadas como si estuviéramos 25 años atrás. Hay otro país y otra situación del mundo, porque hace 25 años el neoliberalismo aún estaba en la parte alta de su ciclo, y hoy está pendiente abajo sin condiciones para volver a subir, porque su ciclo de largo plazo ha llegado a su fin, como el fin del imperio que lo impulsó, con el ingrediente de una violencia que en Colombia rebrota con las semillas de Monsanto, las petroleras de Texas, y la doctrina Donroe. 

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