domingo, 1 de febrero de 2026

INTERVENCIÓN IMPERIAL Y OPOSICIÓN DISTÓPICA EN COLOMBIA (I) 

 

América Latina no es un territorio en disputa: es un territorio administrado. Desde hace dos siglos, bajo distintos lenguajes y excusas, Estados Unidos ha ejercido un control sistemático sobre la región, redefiniendo la soberanía ajena como un problema de “seguridad nacional” propia. Hoy, en medio del reacomodo geopolítico global, esa lógica se reactualiza con torpeza, arrogancia y una violencia cada vez menos disimulada. En este contexto, la política de la oposición en Colombia es una distopía que hace posible y necesario pensar una utopía progresista.  

 

Intervención imperial 

 

Siempre hemos sabido que las dirigencias liberales y conservadoras de América Latina han gobernado de rodillas. Durante dos siglos, la Doctrina Monroe — y hoy su versión caricaturesca y brutalizada — ha operado como principio rector de la política hemisférica de Estados Unidos: “América para los americanos”. Lo que comenzó como una estrategia de defensa frente a Europa terminó convertido en un hegemonismo destinado a proteger intereses geopolíticos y geoestratégicos bajo la coartada permanente de la “seguridad nacional” o la “soberanía”, según la ocurrencia del presidente de turno.

 

Ayer fue Europa el enemigo; hoy lo son China, Rusia y cualquier potencia que intente proponer cooperación o inversión en América Latina sin autorización imperial. En el fondo la autodeterminación no existe. Lo que existe es una política sistemática de control y subordinación. Por eso la región se auto declara “zona de paz” no porque haya justicia, desarrollo o equilibrio, sino porque las sublevaciones son internas y ninguna potencia global ha osado disputar seriamente el dominio estadounidense en este territorio que va de México a la Patagonia. 

 

En este esquema, América Latina no es un actor político, sino un espacio administrado. Los recursos naturales, las rutas comerciales y las decisiones estratégicas se subordinan a un centro de poder externo. La región se mantiene estable no por consenso, sino por dependencia. Esa es la verdadera arquitectura del llamado “orden hemisférico”. 

 

Trump no inventó esta lógica, pero la llevó a su forma más grotesca. Defiende el dominio regional con un estilo torpe, neoliberal, violento y arrogante, sin descartar ningún medio: político, militar o económico, o la combinación de los tres. Poco le importan los reclamos diplomáticos del sur, convertidos en rituales vacíos dentro de organismos internacionales que ya no incomodan a nadie. 

 

La expansión del discurso al llamado “patio norte”, con las pretensiones sobre Groenlandia, muestra hasta qué punto el desorden imperial se ha globalizado, porque Dinamarca firma hacer parte del Gaza Resort, y a los pocos días Trump amenaza con tomar Groenlandia. Europa, entre una OTAN también subordinada al Pentágono y la perdida de relevancia estratégica, aparece hoy como una potencia que depende del escudo nuclear estadounidense y disciplinada por una arquitectura de seguridad que ya no controla. 

 

Panamá volvió a quedar bajo control de Estados Unidos. En Venezuela ya no está Maduro e impuso una reforma constitucional para acceder a la explotación del petróleo, más la decisión de comprar con los ingresos petroleros bienes producidos en Estados Unidos: una especie de TLC de la dominación, unilateral y relámpago. De nada le sirvió a Venezuela comprar un poderoso armamento si no aprendió a usarlo. Ecuador, convertido en puente de intervención en Colombia, alegando escasa colaboración en la lucha contra el narcotráfico cuando ahora es puerto de exportaciones de cocaína y fentanilo a Estados Unidos y Europa. Trump, continuará sometiendo al resto de América Latina. Sigue Cuba que no podrá sobrevivir a un bloqueo total, salvo que el mundo encuentre la manera de asistirlo. Brasil, será la excepción por su tamaño, desarrollo y porque hace parte de los BRICS. Tal vez México tampoco cederá porque el mundo se le vendrá encima si pone un soldado en tierra azteca.


Entonces, ocupado en el negocio de Gaza Resort, a punto de terminarse la guerra en Ucrania, ocupada la Unión Europea con la OTAN y Groenlandia, y el “patio sur” bajo control, tiene ahora como objetivo a Colombia, donde quiere poner presidente de la república en las elecciones de 2026. Para ello tiene el apoyo de una dirigencia que trajo la violencia más cruel al sur de las Américas, apoyada en Cortes que deciden a nombre de una oposición distópica y en contra del estado de derecho, de la constitución y de las mayorías. Tenebrosos magistrados conforman las Cortes y el Consejo Nacional Electoral, pero fue desde la Procuraduría que se gestó el ataque.  

 

Colombia, oposición distópica

 

Serán elecciones sucias y agotadoras, cuyo único atractivo y esperanza es el Pacto Histórico, porque la oposición es una espantosa imagen distópica que se caracteriza por condiciones de vida injustas y deshumanizadas para la mayoría - primero la violencia liberal conservadora, luego la violencia del Frente Nacional, y en los últimos 35 años la violencia neoliberal y de los cultivos ilícitos -, es el opuesto a una utopía progresista.


Obra de Doris Salcedo. A las víctimas de la violencia en Colombia 

La oposición distópica en Colombia funciona como imaginarios que reflejan miedos sociales y políticos bajo regímenes autoritarios (Uribe), vigilancia extrema (Seguridad Democrática de Uribe), desastres ambientales (combustibles fósiles y destrucción de millones de hectáreas), y justicia de ultraderecha y no juez imparcial en defensa de los intereses de la nación y de las mayorías.

 

La distopía de Colombia se caracteriza por:  

 

posturas dictatoriales: control del estado sobre los ciudadanos (violencia, represión y genocidio desde la masacre de las bananeras en 1928 hasta el gobierno de Iván Duque en 2018 - 2022); 


deshumanización: supresión de la libre expresión y monitoreo constante de la población a través del estado, y por distintas versiones de paramilitares, insurgencias y carteles del narcotráfico;  


entornos deteriorados: periferias abandonadas, guerra perpetua que hace imposible la paz total, destrucción acelerada de las selvas del Pacífico y de la Amazonia, agotamiento de las fuentes de agua que nacen en sus montañas; y crisis del sistema de salud con precarios servicios para los pobres y la captura impune del presupuesto público; 


desigualdad extrema: descomunales diferencias entre clases sociales y escasez de recursos por la baja tributación, uso y abuso de los recursos públicos a través de la contratación público privada (fondo de pensiones privados que invierten en el exterior y no en desarrollos de largo plazo en Colombia), y sustracción de recursos públicos porque se trata de la economía de la contratación pública; 


dependencia: la educación y la ciencia y la tecnología son estructuras rezagadas por lo cual la inversión en investigación es escasa, por tanto, no hay aporte importante al conocimiento global, y por eso el sistema productivo y de investigación no desarrolló capacidades disruptivas en la revolución agraria 1.0, ni en las actuales revoluciones de las industrias 4.0 y 5.0, pasando sin pena ni gloria por la revolución industrial (2.0) y la revolución informática (3.0); 


subordinación: renuncia deliberada de la ultraderecha a la soberanía y entrega incondicional a la potencia de influencia, Estados Unidos en primer lugar, y Unión Europa en segundo término. 

 

Colombia necesita abordar la oposición distópica desde la literatura y el cine, me aventuraría también desde el arte, por supuesto desde la filosofía, porque el género distópico es una herramienta narrativa para criticar tendencias actuales (políticas, tecnológicas, ambientales y jurídicas) y advertir sobre las consecuencias extremas de las mismas, desde su mirada, contenidos y realidad, como otros lo han hecho. La distopía política de Colombia es una desgracia histórica producto de la subordinación y de 200 años con una irracional derecha. Si la distopía es a la oposición, la utopía es al progresismo.


P.D.: La utopía progresista (II). Próximo artículo.

lunes, 5 de enero de 2026

EL IMPERIO, LA FARSA Y LO QUE VIENE PARA COLOMBIA


Foto: Gabriele Siegrist
El Imperio 

No era necesario que el gigante de las Américas mostrara en el Caribe el 25% de su fuerza naval para sacar a Maduro. Tal vez lo hizo porque solo en estos mares lo puede hacer, porque en otras aguas se encontraría con las marinas de Rusia y de China, los otros dos dueños del nuevo mapa geopolítico mundial, para un planeta que parece se dividieron entre los tres, más el papel ascendente de los otros miembros de los BRICS, que aún no sabemos de su protagonismo en el reordenamiento geopolítico y geoestratégico del mundo.


Trump llegó a frenar a China y a Rusia, pero casi todo le ha salido mal a los ojos del mundo, aunque de pronto bien para sus intereses personales y de las grandes corporaciones detrás de su gobierno y de las acciones del Estado, porque son los dueños de la economía como ocurre en Colombia con las EPS, las concesiones viales y mucho más. A Trump le importa su básico capitalismo neoliberal anclado a las industrias de la guerra y de las redes.


A Estados Unidos solo le interesan las riquezas naturales de América Latina, su mano de obra barata y dirigencias obedientes cual mayordomos del patio trasero de Mar-A-Lago, porque desde ahí Trump vio en directo la “hazaña” de la Fuerza Delta contra Maduro. Así mira Trump a la región, desde su casa de recreo, porque la acción contra el expresidente venezolano no ameritaba seguirla desde la Casa Blanca. No era un asunto de atención nacional y de conmoción global. Era una operación en una de sus 32 haciendas al sur de su campo de golf. Habrá momento para ocuparse de manera más prolija a este nuevo mundo de las tres superpotencias, de los BRICS y el papel de nuestros países para sobrevivir. 


La farsa 


En el último año, los medios y el gobierno de Maduro mostraron tanques, artillería, misiles y los cazas rusos, para mostrar que tenían como defenderse con dignidad de las fuerzas de Trump. Pero, ni un tiro, ni un misil, ni un caza de la fuerza aérea. En treinta minutos entraron a donde dormía el exgobernante, y se lo llevaron. Los muertos son ante todo cubanos de la guardia de seguridad, lo cual muestra que ni Chávez ni Maduro confiaban en las tropas de su país, desde cuando a comienzos de siglo hubo un intento de golpe de estado.  


Muchas veces ha ocurrido así con las fuerzas armadas de América Latina, desde Guatemala hasta la Patagonia, pasando por las islas del Caribe. Han sido ejércitos al servicio del Comando Sur, y políticos al servicio de la Casa Blanca. Los gastos de defensa de las fuerzas armadas latinoamericanas para la defensa contra terceros, es un gasto inútil. De nada sirve. Recuerden que Irak, según los medios, tenía el cuarto ejército más grande del globo, antes de la primera guerra con Estados Unidos. De nada les sirvió. En menos de dos meses lo aplastaron.    


Cuando se cayó la mentira del Cartel de los Soles, rápidamente Trump dijo que su interés era el petróleo y otros recursos de Venezuela. La extracción de Maduro ocurrió de manera “limpia”, porque las defensas estaban desactivadas.  


La presidenta interina y otros del alto gobierno negociaron la traición y la farsa. Trump los dejará tranquilos cuando asegure el retorno de las petroleras a Venezuela, para extraer nuevamente 3.6 millones de barriles día vs el millón de hoy; y cuando imponga un gobierno de su confianza.  Venezuela nunca desarrolló tecnología y bienes para la explotación y transformación de hidrocarburos, y otros sectores de sus derivados. Por eso cayó su producción. Ni Chávez ni Maduro lograron en 25 años algún desarrollo tecnológico y productivo


La dependencia es una especie de deficiencia genética.  No se piensa ni se actúa por si mismosino a través de lo que dicen y hacen las naciones que son intensivas en conocimientoinvestigacióndesarrollo e innovación para la soberanía. La soberanía se construye, la soberanía es mucho más que palabras porque muere como la libertad que invoca la ultraderecha para justificar sus barbaridades. La dependencia humilla, la subordinación igualpor eso el ejército de Colombia está al 65% de sus capacidades, y lo peor, es que las armas para la protección del presidente eran prestadas por Estados Unidos. Bueno, de ahí en adelante se puede pensar cualquier cosa de la indigna, genuflexa y vendida dirigencia que tenemos.

 

Qué viene para Colombia 

 

Desde el primer día del gobierno de Trump II el presidente Petro no fue de su agrado. Desde entonces, la ultraderecha y la centro derecha se han encargado de desprestigiarlo o de amenazarlo. Seguramente el plan contra Colombia está listo y solo espera Trump el momento para ponerlo en marcha, lo cual será en los próximos días, porque en dos meses habrá elecciones para el Congreso y en cuatro para elegir presidente de la república. Es decir, la campaña ya viene en modo de Trump en complicidad con la ultraderecha colombiana de acá y con la que vive en Miami.

 

Las primeras acciones se vivieron con las trabas al Pacto Histórico para su consulta interna y la inscripción de listas al Congreso; los ataques de Trump al presidente Petro es la segunda ola de acciones; la amenaza de algo peor para Petro que lo ocurrido con Maduro, es el inicio de la fase tres; y como cuarta fase, veremos en los próximos días cual es la estrategia contra el Pacto Histórico e Iván Cepeda, que ha actuado con claridad y ponderación a lo sucedido en Venezuela.

 

Si el Cartel de los Soles fracasó y la manera como ocurrió la extracción de Maduro es una farsa, Trump tiene que hacer algo muy distinto, porque Colombia no es Venezuela, nuestras realidades se volvieron muy distintas. Por eso el discurso del “jaguar bolivariano” es una tontería, lo mismo que los “soldados de Bolívar”. No se puede jugar en el siglo XXI con las palabras del siglo XIX.

 

Mientras en Venezuela la oposición ganó hace un año largo, en Colombia no hay remota posibilidad que la ultraderecha triunfe en marzo y en mayo, así la empresa colombiana que escrutó la fraudulenta votación en Honduras sea la misma que el Registrador contrató para contar los votos en las elecciones de Colombia. Las fuerzas progresistas o de izquierda son muy distintas en los dos países. Colombia tiene líderes, Venezuela no. Pero también la ultraderecha y el centro, en su dispersión y lagunas intelectuales y programáticas, están ahí, y seguramente convencerán a Trump que Fajardo es al que hay que apoyar.  

 

Entonces, desde la primera vuelta la pelea será entre Cepeda y Fajardo, y todos unidos contra el Pacto y contra millones de colombianos que lo acompañan. Serán elecciones sucias, peligrosas, llenas de mentiras, con mucha inseguridad contratada para justificar el discurso de la seguridad, porque nada más hay en el cerebro de la ultraderecha y del centro. Las ideas están en el progresismo, pero hay que trabajarlas día a día para profundizar en ellas y mostrar la gran diferencia de la pobreza ética, intelectual y programática de la oposición agarrada de la mano de Trump.

 

viernes, 26 de diciembre de 2025

 

UN SALARIO MÍNIMO VITAL AÚN NO ES POSIBLE EN 

COLOMBIA

El salario mínimo aumentó en los últimos tres años como nunca en las tres largas décadas del período neoliberal, es decir, de Gaviria a Duque.

Nunca en Colombia se ha discutido sobre la importancia e impactos de un salario que incluya el componente de un mayor valor para el bienestar de los asalariados, porque la dirigencia nunca lo permitió, y lo máximo que se había logrado es el aumento por inflación más productividad laboral. La lucha de los trabajadores no se podía ni asomar al componente de un porcentaje adicional para el mayor bienestar del trabajador y de su núcleo familiar.

El salario mínimo vital (SMV) alude a un mayor ingreso de los trabajadores y se debe estudiar si es posible que la economía absorba ahora ese costo adicional. Mi respuesta es no, por lo siguiente:

    1. Solo pueden asimilar el costo adicional las grandes empresas, que además son las grandes beneficiadas por el mayor poder adquisitivo en un segmento amplio de trabajadores que demandará más bienes, más créditos.

2.   El problema comienza en las medianas y pequeñas empresas, y en familias de medianos y menores ingresos que no pueden absorber ese costo adicional, por ejemplo, discapacitados que requieren de auxiliar las 24 horas de día, porque los salarios superiores al mínimo y las pensiones subirán menos que la mitad del salario mínimo vital. El efecto en la demanda de toda la economía solo se verá en los segmentos beneficiados: trabajadores de un salario mínimo y grandes empresas, sin embargo, en la mayoría de la población y en las micro y pequeñas empresas el impacto será negativo.

3.  Pero, hay un problema estructural de fondo. La economía colombiana es de baja productividad, poco diversificada, poco exportadora, poco innovadora, y esto es culpa de los empresarios y de los profesionales que enganchan, y de los tecnócrata y políticos que han diseñado las políticas de “desarrollo”. Además, el empresario no permite afectar el margen de utilidad, una especie de mula muerta en el cerebro empresarial, por eso no quieren pagar más impuestos y evaden. Prefieren pagar lobistas para comprar congresistas, pero jamás afectar su utilidad. Por eso no son innovadores, ni hacen investigación y desarrollo, ni avanzan a sectores de alta tecnología, por eso el SMV jamás está en su agenda. La economía colombiana es rezagada: sumado el componente de inequidad, no hay ahora condiciones estructurales para incorporar el componente vital en el salario.

4. Dónde más está el problema. No hay un acuerdo entre estado (gobierno) y mercado (empresarios), para impulsar la reindustrialización, y con eso elevar el valor de la economía y de los componentes que la harían más avanzada y equitativa, donde el salario mínimo vital sería un reflejo de la prosperidad y desarrollo de la producción y de la innovación que redundaría en un personal más calificado con mayores ingresos, incluida la mejor cualificación de las personas con bajos salarios. El gobierno y los empresarios no se pusieron de acuerdo para sumar esfuerzos y empujar la reindustrialización. Y las Cortes se volvieron enemigas de la sociedad al neutralizar las reformas sociales, y aliados con el Congreso golpear y no aprobar las reformas tributarias y las leyes de endeudamiento.

5. En conclusión, el salario mínimo vital no puede ser resultado de una guerra entre empresarios neoliberales cortoplacistas más políticos corruptos, ignorantes y mala clase, y el gobierno progresista que lleva a empujones la reindustrialización.

En estas condiciones, chocan una vez más la polarización entre la decadencia política y empresarial de la oposición, y las intenciones del gobierno progresista, porque no fue posible un acuerdo  para iniciar un proceso de largo plazo para la transformación de la producción. 

La ANDI no tiene razón, dice bestialidades, y al presidente y al ministro de trabajo se le hace agua la boca cuando aluden al SMV, incluso, dice el ministro que puede subir entre el 10 al 99%. Una bestialidad. Hay una especie de venganza, de furia, más que un análisis racional de un salario mínimo muy alto. El SMV parece el desquite por tanto obstruccionismo al ejecutivo, más que la consecuencia de un análisis racional para desarrollar a Colombia. El presidente también quiere ganar votos para el Pacto, pero cuidado le sale mal la estrategia.

Petro es terco, no hay quien lo haga entrar en razón para que su obsesión de un salario de dos dígitos no suba más allá de un 11%, es decir, el doble de la inflación más productividad en 2025. Ese incremento del 50% por encima de inflación y productividad, sería el componente vital para comenzar, y que el nuevo gobierno lo considere en las políticas económicas: el SMV debe discutirse con los empresarios para profundizar y acelerar la reindustrialización y hacer crecer la economía sobre factores reales. Es también un desafío para las universidades, que deben abandonar la ortodoxia neoliberal para asumir la heterodoxia de la economía de la innovación: estado emprendedor, innovación, inteligencia, equidad, legalidad, transparencia, género, cuidado, inversión, sostenibilidad.

Un SMV más que el triunfo de Petro sería la derrota de la oposición por su irracional obstruccionismo.

martes, 14 de octubre de 2025

NI UN PASO ATRÁS, OTRA COLOMBIA ES POSIBLE. 
EL PENSAMIENTO DE CAROLINA CORCHO 


No la conozco personalmente, pero he seguido su andar político desde cuando fue Ministra de Salud, cargo al cual renunció porque los dueños de las EPS le pidieron al Presidente de la República hacerla a un lado para aprobar la reforma. Renunció, y el poder detrás de las EPS, no cumplió. Dos años han transcurrido y la transformación del sistema de salud muere en la Comisión Séptima del Senado de la República, donde son mayoría los sepultureros del cambio. Se fue del gobierno y hoy aspira a la Presidencia de Colombia en 2026. 

En el libro muestra su pensamiento político y su trasegar de líder de muchas luchas sociales y políticas, y como médica psiquiatra y pensadora alternativa. Nos muestra realidades, desafíos, y decisiones que tomaría como la primera mujer presidenta de la nación, continuando con acciones del gobierno del presidente Petro, corrigiendo lo que sea necesario, sin abandonar la deconstrucción del neoliberalismo como visión ideológica y política que ha generado exclusión y desigualdades extremas en Colombia. El prólogo de Margarita Rosa de Francisco finaliza con palabras de Carolina encargándole la tarea “de insuflarle carne, sangre y épica ciudadana a este esqueleto de país que todavía late”; y Margarita responde “Contigo, Carolina, mujer, río, árbol, tormenta, cielo, lago y pensamiento, hasta que lo logremos”. 

Al salir del prólogo aparece un magnífico texto de Ana María Soleibe Mejía, presidenta de la Federación Médica Colombiana, FMC, en el cual muestra el pensamiento crítico y la acción política de Carolina al servicio de Colombia, como psiquiatra, politóloga, investigadora, exministra y activista en torno a la defensa de lo público, la equidad, la justicia social, y crítica rigurosa al neoliberalismo. Su trasegar académico y público le dio una sólida formación humana, intelectual y política. Todo comenzó en su casa, con su madre y su padre, en el campo y en la ciudad, en el colegio y la universidad, en su consultorio y en auditorios, en conversatorios académicos, en la calle y en las plazas, en el programa del presidente Petro y en el ministerio de salud, convencida de las posibilidades de un país “con una marcha históricamente incierta y dudosa que debe avanzar no como un arrebato de voluntarismo, sino como condición de supervivencia colectiva”, en sus palabras. 

Ideas para el Cambio de Colombia 

Su pensamiento es contundente, y su discurso lo piensa como una segunda etapa del proceso progresista, y se resume así: 

Agricultura: reforma agraria y soberanía alimentaria a partir de los campesinos. 

Pensiones. Implementar la reforma pensional universal donde se trata de proteger a los ancianos de escasos recursos, abrir un camino a la pensión de quienes empiezan su trasegar por la vida laboral, y amparar a los que han llegado tarde a pagar su seguridad social. 

Reforma política para superar la fragmentación de unas maquinarias electorales con un sistema que no dispone de una sólida reglamentación. 

Reindustrializar a Colombia fortaleciendo la investigación científica y tecnológica para estimular la innovación, los emprendimientos disruptivos, elevar la productividad y poner a conversar al país de nuevos sectores, sin olvidar los que existen, para superar umbrales hasta alcanzar el desarrollo. 

Reforma a la salud. Está en el frente de sus propósitos, y si no avanza en el Congreso de la República, será uno de sus primeros actos de gobierno presentarla personalmente al Congreso. 

Descentralización. Fortalecerla a partir de la reglamentación de la ley de competencias y la reforma de los organismos de control en las regiones. 

La economía al servicio de la gente, teniendo en cuenta que el grado de desigualdad es extremo y superarlo incluye una reforma tributaria duradera porque Colombia no tiene una tributación progresiva, equitativa y eficiente, con un sistema complejo, opaco y poco transparente, que favorece intereses de poderosos a costa del interés público y colectivo. La ley de financiamiento del 2024 que incluía un componente tributario, fue negada en el Congreso, y buscaba la reactivación de la economía de la mano con la política de reindustrialización, teniendo en cuenta que el 60% de la economía es informal y solo un cambio estructural de largo plazo la puede reducir de manera paulatina y sostenida. 

Persistir en la paz total entendiendo las economías ilícitas para superar las condiciones que la estimulan, y avanzar en los retos prácticos requeridos para que esa política se convierta en instrumento de acción. 

Las mujeres, jóvenes, poblaciones étnicas y los discapacitados, hacen parte de una estrategia intersectorial integrada en el sistema nacional de igualdad y equidad, cuyo instrumento central es el observatorio poblacional, y el carácter vinculante de los diversos Ministerios y entidades de las políticas y estrategias que allí se establezcan. El Ministerio de Igualdad y Equidad, reestructurado, continuará. 

Educación. Componente clave que permite el salto social, para ello debe estar orientada a la generación de una cultura ciudadana democrática asumiendo la reforma cultural e intelectual como uno de los grandes objetivos de la educación, con la participación del sector educativo y de la sociedad. 

Política internacional y la colombianidad en el exterior. Diversificar las relaciones comerciales, culturales y económicas con otras latitudes, entre ellas el acuerdo de la Franja y la Ruta, que le da viabilidad a proyectos como la red de trenes desde Buenaventura a Barranquilla, y de Bogotá a Santa Marta, como un sistema multimodal sostenible y descarbonizado. 

Reforma a la justicia. Se discutirán los mecanismos de nominación y elección de los magistrados de las altas cortes, la morosidad y la crisis del sistema judicial. Asimismo, la nominación y elección del Fiscal General de la Nación para que sea una fiscalía autónoma y eficiente, porque tiene un indicador de impunidad en materia criminal superior al 75%, y en delitos relacionados con derechos humanos, por arriba del 95%. 

Corrupción. Una política pública anticorrupción es un asunto de las instituciones estatales, y un fenómeno cultural presente en la sociedad como una conducta permisiva aprobada por algunos sectores sociales. Es una cultura silenciosa que quiebra valores éticos profundos, y es el resultado de un régimen basado en el transaccionismo, el clientelismo, con ausencia de sistemas de información que den cuenta del manejo de los recursos, por lo cual debe ser una política pública para todos los sectores y ramas del Estado, que incluye una profunda reflexión cultural desde la educación, la familia, y los escenarios desde los cuales se forja la opinión pública. 

El Ambiente. Una potente visión con acciones estratégicas sobre el medio ambiente donde convergen y aterrizan muchas de las acciones anteriores relacionadas con la reindustrialización, la investigación para un conocimiento más profundo de nuestra biodiversidad, la educación, la agricultura, la minería, la ruralidad y las ciudades sustentables, y la energía sustentable. 

Pacto Histórico: hacia un partido unitario y democrático 

El proceso reformista necesita perfeccionar una tarea fundamental y estratégica para consolidar el proyecto político del Pacto Histórico. Por eso dedica espacio a reflexionar para construir un partido, puesto que no puede haber nueva propuesta si no la respalda una construcción política e intelectual donde “se reconozca desde dónde se habla,… para pensar lo impensado, y explorar lo inédito”, como dice Laura Quintana, en Espacios Afectivos (Herder. 2023) 

Carolina escribe sobre la importancia de crear y consolidar un partido para desarrollar un proyecto político en los años por venir. Esta es la parte más iluminadora del libro: crear una fuerza política que trascienda, consolide y permanezca. Sin ella no hay programa. Cita a Antonio Gramsci “El partido es por definición el órgano que conecta a la sociedad civil con el Estado, constituye el escenario de la movilización de las ideas, de la construcción del programa con la ciudadanía para que este sea proyectado en un gobierno. Es el escenario donde se forman los hombres y mujeres de Estado que harán parte de los gobiernos y de los cuerpos colegiados del Estado y quienes llevarán a cabo las políticas públicas que se acuerden con la sociedad”. 

También toma de él que un partido debe “incorporarse en la vida social y cultural de la nación, mediante la realización de una reforma intelectual y moral de la sociedad, lo que significa la creación de una nueva cultura... Esto implica que el partido debe desarrollar las investigaciones, el conocimiento, y los argumentos que permita el desarrollo de las aspiraciones e ideas de los representados.... Si no ocurre el desarrollo de una visión teórica, de creación de cultura política desde el partido lo que ocurre es la escasez de hombres y mujeres de Estado, de gobierno, miseria de la vida parlamentaria, facilidad de disgregación de los partidos, corrompiendo y absorbiendo a los pocos hombres y mujeres indispensables.... El partido debe inscribirse en su propia estrategia nacional, que consulte con los referentes culturales e históricos de su nación… Para abrirse y crear una nueva cultura que logre consensos en torno a la transformación, bajo la creación y la libertad individual”. 

En sus palabras “Si lo que se pretende es hacer un cambio profundo en Colombia, el partido no puede reproducir las abyectas formas como el bipartidismo tradicional ha mantenido el poder político en Colombia para extender las desigualdades y la exclusión social… La democracia al interior del partido es lo único que puede garantizar la unidad del mismo”.

Más adelante “En el caso colombiano, si no hay reforma política, a mi juicio, no existen las condiciones para que en el Pacto Histórico se presenten listas cerradas, dado que no existen los mecanismos democráticos para la definición del orden de las mismas, sin estos mecanismos se dará al traste con la unidad y la construcción de partido y, por tanto, con la posibilidad de dar continuidad al proyecto de transformación de Colombia… El partido debe enfilar sus esfuerzos en hacer de la política el arte de transformar la cultura y de politizar la sociedad civil para llevar a cabo la reforma intelectual y moral, lo que implica inscribir un programa en la historia nacional colombiana que dignifique al conjunto del pueblo” 

Luego de leer sus 296 páginas, me pregunto ¿Dónde está en el pensamiento y en la propuesta progresista algo que justifique la irracional diatriba de la oposición? La crisis está en la fusión nefasta de ultraderecha y neoliberalismo, que nunca tuvo como propósito llevar a Colombia al desarrollo, superar injusticias, inequidades y rezagos estructurales en su especialización productiva. Más bien, creó un océano de ilegalidades que ahogan a Colombia, atentó contra la biodiversidad, entregó la soberanía nacional, desindustrializó la producción, no desarrolló la ciencia ni la tecnología, ni tampoco educó a todos, sembró el campo de cruces, implementó la captura impune de recursos del Estado, la justicia se corrompió porque se politizó, y el legislativo se convirtió en el Capitolio de la corrupción y de los negocios con dineros públicos. Derecha y neoliberalismo crearon el Estado Imposible. 

Carolina Corcho tiene los pies en la tierra y en su inteligencia y corazón está la otra Colombia posible.