jueves, 5 de marzo de 2026

 COLOMBIA 8 DE MARZO DÍA DE LA VICTORIA

Foto:Gabriele Siegrist
Este artículo se inspiró en una conversación que escuché en un café, donde un grupo de jóvenes dialogaba sobre las elecciones que vienen y decían que no se puede perder lo que tanto había costado ganar en 2022.

Si hubiera la certeza de elecciones limpias, luchadas con ideas, ganadas por la mejor propuesta y los mejores candidatos, el Pacto Histórico sería un contundente ganador en Senado y Cámara, y en primera vuelta para elegir nuevo presidente de la república.

Una mujer contra ocho

El “debate” de RCN y El Tiempo con las cabezas de lista al Senado, fue el espejo del espantoso ambiente creado por la oposición contra el Pacto y los no elegidos.

Una mujer enfrentó a ocho contradictores. Ella, Carolina Corcho, los superó desde la primera pregunta. El “debate” dejó claro que la oposición tiene dos estrategias que se anulan entre sí: cero propuestas porque el propósito es volver a poner las cosas como estaban hasta el gobierno de Iván Duque; y cero propuestas porque estas tendrían que ser superiores, más profundas y de mayor contenido que las del progresismo, es decir, reformas sociales y del estado más radicales, y una economía que debe profundizar la reindustrialización desde la economía de la innovación, algo que no procesa el neoliberalismo.

El progresismo hay que entenderlo afín a las ideas de la social democracia, con una diferencia: los progresistas tampoco son anticapitalistas, pero si antineoliberales; mientras el error de la social democracia fue considerarse en lo político socialdemócrata, en lo económico neoliberal, en lo global europeos amparados por el escudo estratégico de Estados Unidos, con lo cual la gran unidad europea terminó empujada a la guerra entre Rusia y Ucrania,  y ahora a la incomprensible guerra contra Irán, que deja negocios para los fabricantes de armas, pero ruinas, dolor y lágrimas en la población, y un ambiente de incertidumbre que se puede convertir en terror.

¿Elecciones transparentes?

La oposición al progresismo es precaria en pensamiento y en proyecto de nación. De ahí resulta otra acción: ganar las elecciones interviniendo el escrutinio de votos a través de una empresa privada cercana a la que hizo el escrutinio en las recientes elecciones en Honduras.

En la intervención del presidente Petro, el lunes 23 de febrero, cuando presentó el nuevo pasaporte, dijo que la misma empresa privada que tiene la base de datos de los pasaportes, también haría el escrutinio de las elecciones para Congreso y la Presidencia de la República.

Explicó como hicieron fraude en 2022 y la evidencia de que la misma estrategia se estaría usando para las votaciones de marzo.

Imagínese un puesto de votación en cualquier lugar de una ciudad, donde cerca hay un local donde se escanean las actas de cada mesa de votación. Bueno, en ese lugar también se procesan actas irregulares que se envían a la Registraduría.

Como esas actas están previamente elaboradas, es la razón por la cual a los pocos segundos de cerradas las elecciones se tienen los primeros resultados. Esa información falsa es la que contabiliza la Registraduría como datos ciertos. En consecuencia, cuando se comparan actas falsas con actas ciertas, queda en evidencia el “error”, es decir, el fraude.

En las elecciones de 2022, el Pacto Histórico, por la cantidad de testigos electorales que distribuyó en las mesas de votación, se percató del fraude y salvó cinco curules. Entonces, algo igual podrá ocurrir en las próximas elecciones cuando la oposición sienta inminente la derrota.

El Presidente tiene el derecho y la autoridad para alertar un posible fraude. El Procurador y el Registrador vienen del Congreso, y no tienen autoridad para desmentir al Presidente de la República en la transparencia que pide en el conteo de votos. Ojalá el Pacto vuelva a tener miles de testigos electorales para salvaguardar la democracia.

En la recta final al 8 de marzo

El progresismo tiene la tarea de cohesionarse en torno al Pacto Histórico para formar un Frente Amplio. Ojalá los movimientos numéricamente menores logren buenos resultados ganando escaños en el Congreso para cohesionar una gran fuerza en torno a la candidatura de Iván Cepeda.

Aventuro un muy remoto conflicto con Roy Barreras, si logra más votos que Iván Cepeda en la consulta interna del Pacto, porque el 8 de marzo irán a las urnas unos 23 millones de colombianos, es decir, diez veces más que en la consulta del 26 de octubre.

Cualquier voto por encima del millón y medio de votos, Barreras lo asumirá como un triunfo sobre Cepeda, cuando la victoria sería si logra un número de sufragios proporcionalmente superior a las cifras del 26 de octubre. Sin embargo, nada indica que este señor Roy logrará una votación mínimamente decorosa, porque parece que hasta Daniel Quintero lo derrotaría, caso en el cual la inquietud recién expresada también sería válida.

Ojalá la aspiración personal  no supere la responsabilidad y el compromiso con Colombia, que no está para desfile de vanidades como hoy muestra la política nacional a través de decenas de aspirantes a ocupar la Casa de Nariño.

Aunque no veo cómo los progresistas del Pacto podrían apoyar una eventual candidatura de Barreras o de Quintero, porque no creo que Clara López, Cristo, Caicedo, Murillo y otros se sumen a ellos y no al líder del Pacto.

Ahora bien, el progresismo tiene que hacer una tarea inmediata:

Primero, Iván Cepeda dirigir su capacidad de convocatoria a estimular las campañas para Senado y Cámara. Es la prioridad, no la primera vuelta a la presidencia, porque sin Congreso favorable se repetiría la historia de un presidente con un parlamento enemigo bloqueando las reformas que necesita el cambio.

Segundo, evitar la disputa interna. Se nota que algunos Congresistas quieren a distancia a Carolina Corcho, tanto que no le han permitido hacer parte del Comité Ejecutivo del partido.

El pasado sobre el futuro, no es tolerable ni admisible, porque Carolina es una líder maravillosa, brillante, seria, contemporánea, comprometida, coherente con un discurso que proyecta futuro.

Si bien no viene del Congreso, ahora es la cabeza de la lista al Senado por mérito propio, e hizo que la gente decidiera a su favor. Mientras Colombia le pide cohesión al naciente partido, sus líderes no pueden ir en contravia porque el Pacto es de la ciudadanía y Carolina una querida elegida.

Tercero, la figura central del Pacto es Iván Cepeda. Colombia ve en él un líder para profundizar, corregir y avanzar en el proyecto progresista. Su dimensión ideológica y su propuesta programática se construye día a día, y muestra carácter, solidez intelectual, seriedad y ética a prueba de cualquiera ataque de la oposición.

Iván Cepeda es un político progresista y humanista con sólida estructura intelectual y transparencia a toda prueba. Es un progresista de estos tiempos.

Finalmente,  los ataques de la oposición al Pacto Histórico son también contra la nación, y un posible fraude electoral desde la Registraduría es contra la tranquilidad, la democracia, la libre elección y la voluntad de las mayorías por profundizar un cambio negado durante dos siglos porque la inequidad y las desigualdades que arrastran han sido los motivos de tanta violencia, atraso y sumisión.

No votaré las consultas, pero sí por el Pacto para senado y cámara.

 

 

domingo, 1 de febrero de 2026

INTERVENCIÓN IMPERIAL Y OPOSICIÓN DISTÓPICA EN COLOMBIA (I) 

 

América Latina no es un territorio en disputa: es un territorio administrado. Desde hace dos siglos, bajo distintos lenguajes y excusas, Estados Unidos ha ejercido un control sistemático sobre la región, redefiniendo la soberanía ajena como un problema de “seguridad nacional” propia. Hoy, en medio del reacomodo geopolítico global, esa lógica se reactualiza con torpeza, arrogancia y una violencia cada vez menos disimulada. En este contexto, la política de la oposición en Colombia es una distopía que hace posible y necesario pensar una utopía progresista.  

 

Intervención imperial 

 

Siempre hemos sabido que las dirigencias liberales y conservadoras de América Latina han gobernado de rodillas. Durante dos siglos, la Doctrina Monroe — y hoy su versión caricaturesca y brutalizada — ha operado como principio rector de la política hemisférica de Estados Unidos: “América para los americanos”. Lo que comenzó como una estrategia de defensa frente a Europa terminó convertido en un hegemonismo destinado a proteger intereses geopolíticos y geoestratégicos bajo la coartada permanente de la “seguridad nacional” o la “soberanía”, según la ocurrencia del presidente de turno.

 

Ayer fue Europa el enemigo; hoy lo son China, Rusia y cualquier potencia que intente proponer cooperación o inversión en América Latina sin autorización imperial. En el fondo la autodeterminación no existe. Lo que existe es una política sistemática de control y subordinación. Por eso la región se auto declara “zona de paz” no porque haya justicia, desarrollo o equilibrio, sino porque las sublevaciones son internas y ninguna potencia global ha osado disputar seriamente el dominio estadounidense en este territorio que va de México a la Patagonia. 

 

En este esquema, América Latina no es un actor político, sino un espacio administrado. Los recursos naturales, las rutas comerciales y las decisiones estratégicas se subordinan a un centro de poder externo. La región se mantiene estable no por consenso, sino por dependencia. Esa es la verdadera arquitectura del llamado “orden hemisférico”. 

 

Trump no inventó esta lógica, pero la llevó a su forma más grotesca. Defiende el dominio regional con un estilo torpe, neoliberal, violento y arrogante, sin descartar ningún medio: político, militar o económico, o la combinación de los tres. Poco le importan los reclamos diplomáticos del sur, convertidos en rituales vacíos dentro de organismos internacionales que ya no incomodan a nadie. 

 

La expansión del discurso al llamado “patio norte”, con las pretensiones sobre Groenlandia, muestra hasta qué punto el desorden imperial se ha globalizado, porque Dinamarca firma hacer parte del Gaza Resort, y a los pocos días Trump amenaza con tomar Groenlandia. Europa, entre una OTAN también subordinada al Pentágono y la perdida de relevancia estratégica, aparece hoy como una potencia que depende del escudo nuclear estadounidense y disciplinada por una arquitectura de seguridad que ya no controla. 

 

Panamá volvió a quedar bajo control de Estados Unidos. En Venezuela ya no está Maduro e impuso una reforma constitucional para acceder a la explotación del petróleo, más la decisión de comprar con los ingresos petroleros bienes producidos en Estados Unidos: una especie de TLC de la dominación, unilateral y relámpago. De nada le sirvió a Venezuela comprar un poderoso armamento si no aprendió a usarlo. Ecuador, convertido en puente de intervención en Colombia, alegando escasa colaboración en la lucha contra el narcotráfico cuando ahora es puerto de exportaciones de cocaína y fentanilo a Estados Unidos y Europa. Trump, continuará sometiendo al resto de América Latina. Sigue Cuba que no podrá sobrevivir a un bloqueo total, salvo que el mundo encuentre la manera de asistirlo. Brasil, será la excepción por su tamaño, desarrollo y porque hace parte de los BRICS. Tal vez México tampoco cederá porque el mundo se le vendrá encima si pone un soldado en tierra azteca.


Entonces, ocupado en el negocio de Gaza Resort, a punto de terminarse la guerra en Ucrania, ocupada la Unión Europea con la OTAN y Groenlandia, y el “patio sur” bajo control, tiene ahora como objetivo a Colombia, donde quiere poner presidente de la república en las elecciones de 2026. Para ello tiene el apoyo de una dirigencia que trajo la violencia más cruel al sur de las Américas, apoyada en Cortes que deciden a nombre de una oposición distópica y en contra del estado de derecho, de la constitución y de las mayorías. Tenebrosos magistrados conforman las Cortes y el Consejo Nacional Electoral, pero fue desde la Procuraduría que se gestó el ataque.  

 

Colombia, oposición distópica

 

Serán elecciones sucias y agotadoras, cuyo único atractivo y esperanza es el Pacto Histórico, porque la oposición es una espantosa imagen distópica que se caracteriza por condiciones de vida injustas y deshumanizadas para la mayoría - primero la violencia liberal conservadora, luego la violencia del Frente Nacional, y en los últimos 35 años la violencia neoliberal y de los cultivos ilícitos -, es el opuesto a una utopía progresista.


Obra de Doris Salcedo. A las víctimas de la violencia en Colombia 

La oposición distópica en Colombia funciona como imaginarios que reflejan miedos sociales y políticos bajo regímenes autoritarios (Uribe), vigilancia extrema (Seguridad Democrática de Uribe), desastres ambientales (combustibles fósiles y destrucción de millones de hectáreas), y justicia de ultraderecha y no juez imparcial en defensa de los intereses de la nación y de las mayorías.

 

La distopía de Colombia se caracteriza por:  

 

posturas dictatoriales: control del estado sobre los ciudadanos (violencia, represión y genocidio desde la masacre de las bananeras en 1928 hasta el gobierno de Iván Duque en 2018 - 2022); 


deshumanización: supresión de la libre expresión y monitoreo constante de la población a través del estado, y por distintas versiones de paramilitares, insurgencias y carteles del narcotráfico;  


entornos deteriorados: periferias abandonadas, guerra perpetua que hace imposible la paz total, destrucción acelerada de las selvas del Pacífico y de la Amazonia, agotamiento de las fuentes de agua que nacen en sus montañas; y crisis del sistema de salud con precarios servicios para los pobres y la captura impune del presupuesto público; 


desigualdad extrema: descomunales diferencias entre clases sociales y escasez de recursos por la baja tributación, uso y abuso de los recursos públicos a través de la contratación público privada (fondo de pensiones privados que invierten en el exterior y no en desarrollos de largo plazo en Colombia), y sustracción de recursos públicos porque se trata de la economía de la contratación pública; 


dependencia: la educación y la ciencia y la tecnología son estructuras rezagadas por lo cual la inversión en investigación es escasa, por tanto, no hay aporte importante al conocimiento global, y por eso el sistema productivo y de investigación no desarrolló capacidades disruptivas en la revolución agraria 1.0, ni en las actuales revoluciones de las industrias 4.0 y 5.0, pasando sin pena ni gloria por la revolución industrial (2.0) y la revolución informática (3.0); 


subordinación: renuncia deliberada de la ultraderecha a la soberanía y entrega incondicional a la potencia de influencia, Estados Unidos en primer lugar, y Unión Europa en segundo término. 

 

Colombia necesita abordar la oposición distópica desde la literatura y el cine, me aventuraría también desde el arte, por supuesto desde la filosofía, porque el género distópico es una herramienta narrativa para criticar tendencias actuales (políticas, tecnológicas, ambientales y jurídicas) y advertir sobre las consecuencias extremas de las mismas, desde su mirada, contenidos y realidad, como otros lo han hecho. La distopía política de Colombia es una desgracia histórica producto de la subordinación y de 200 años con una irracional derecha. Si la distopía es a la oposición, la utopía es al progresismo.


P.D.: La utopía progresista (II). Próximo artículo.

lunes, 5 de enero de 2026

EL IMPERIO, LA FARSA Y LO QUE VIENE PARA COLOMBIA


Foto: Gabriele Siegrist
El Imperio 

No era necesario que el gigante de las Américas mostrara en el Caribe el 25% de su fuerza naval para sacar a Maduro. Tal vez lo hizo porque solo en estos mares lo puede hacer, porque en otras aguas se encontraría con las marinas de Rusia y de China, los otros dos dueños del nuevo mapa geopolítico mundial, para un planeta que parece se dividieron entre los tres, más el papel ascendente de los otros miembros de los BRICS, que aún no sabemos de su protagonismo en el reordenamiento geopolítico y geoestratégico del mundo.


Trump llegó a frenar a China y a Rusia, pero casi todo le ha salido mal a los ojos del mundo, aunque de pronto bien para sus intereses personales y de las grandes corporaciones detrás de su gobierno y de las acciones del Estado, porque son los dueños de la economía como ocurre en Colombia con las EPS, las concesiones viales y mucho más. A Trump le importa su básico capitalismo neoliberal anclado a las industrias de la guerra y de las redes.


A Estados Unidos solo le interesan las riquezas naturales de América Latina, su mano de obra barata y dirigencias obedientes cual mayordomos del patio trasero de Mar-A-Lago, porque desde ahí Trump vio en directo la “hazaña” de la Fuerza Delta contra Maduro. Así mira Trump a la región, desde su casa de recreo, porque la acción contra el expresidente venezolano no ameritaba seguirla desde la Casa Blanca. No era un asunto de atención nacional y de conmoción global. Era una operación en una de sus 32 haciendas al sur de su campo de golf. Habrá momento para ocuparse de manera más prolija a este nuevo mundo de las tres superpotencias, de los BRICS y el papel de nuestros países para sobrevivir. 


La farsa 


En el último año, los medios y el gobierno de Maduro mostraron tanques, artillería, misiles y los cazas rusos, para mostrar que tenían como defenderse con dignidad de las fuerzas de Trump. Pero, ni un tiro, ni un misil, ni un caza de la fuerza aérea. En treinta minutos entraron a donde dormía el exgobernante, y se lo llevaron. Los muertos son ante todo cubanos de la guardia de seguridad, lo cual muestra que ni Chávez ni Maduro confiaban en las tropas de su país, desde cuando a comienzos de siglo hubo un intento de golpe de estado.  


Muchas veces ha ocurrido así con las fuerzas armadas de América Latina, desde Guatemala hasta la Patagonia, pasando por las islas del Caribe. Han sido ejércitos al servicio del Comando Sur, y políticos al servicio de la Casa Blanca. Los gastos de defensa de las fuerzas armadas latinoamericanas para la defensa contra terceros, es un gasto inútil. De nada sirve. Recuerden que Irak, según los medios, tenía el cuarto ejército más grande del globo, antes de la primera guerra con Estados Unidos. De nada les sirvió. En menos de dos meses lo aplastaron.    


Cuando se cayó la mentira del Cartel de los Soles, rápidamente Trump dijo que su interés era el petróleo y otros recursos de Venezuela. La extracción de Maduro ocurrió de manera “limpia”, porque las defensas estaban desactivadas.  


La presidenta interina y otros del alto gobierno negociaron la traición y la farsa. Trump los dejará tranquilos cuando asegure el retorno de las petroleras a Venezuela, para extraer nuevamente 3.6 millones de barriles día vs el millón de hoy; y cuando imponga un gobierno de su confianza.  Venezuela nunca desarrolló tecnología y bienes para la explotación y transformación de hidrocarburos, y otros sectores de sus derivados. Por eso cayó su producción. Ni Chávez ni Maduro lograron en 25 años algún desarrollo tecnológico y productivo


La dependencia es una especie de deficiencia genética.  No se piensa ni se actúa por si mismosino a través de lo que dicen y hacen las naciones que son intensivas en conocimientoinvestigacióndesarrollo e innovación para la soberanía. La soberanía se construye, la soberanía es mucho más que palabras porque muere como la libertad que invoca la ultraderecha para justificar sus barbaridades. La dependencia humilla, la subordinación igualpor eso el ejército de Colombia está al 65% de sus capacidades, y lo peor, es que las armas para la protección del presidente eran prestadas por Estados Unidos. Bueno, de ahí en adelante se puede pensar cualquier cosa de la indigna, genuflexa y vendida dirigencia que tenemos.

 

Qué viene para Colombia 

 

Desde el primer día del gobierno de Trump II el presidente Petro no fue de su agrado. Desde entonces, la ultraderecha y la centro derecha se han encargado de desprestigiarlo o de amenazarlo. Seguramente el plan contra Colombia está listo y solo espera Trump el momento para ponerlo en marcha, lo cual será en los próximos días, porque en dos meses habrá elecciones para el Congreso y en cuatro para elegir presidente de la república. Es decir, la campaña ya viene en modo de Trump en complicidad con la ultraderecha colombiana de acá y con la que vive en Miami.

 

Las primeras acciones se vivieron con las trabas al Pacto Histórico para su consulta interna y la inscripción de listas al Congreso; los ataques de Trump al presidente Petro es la segunda ola de acciones; la amenaza de algo peor para Petro que lo ocurrido con Maduro, es el inicio de la fase tres; y como cuarta fase, veremos en los próximos días cual es la estrategia contra el Pacto Histórico e Iván Cepeda, que ha actuado con claridad y ponderación a lo sucedido en Venezuela.

 

Si el Cartel de los Soles fracasó y la manera como ocurrió la extracción de Maduro es una farsa, Trump tiene que hacer algo muy distinto, porque Colombia no es Venezuela, nuestras realidades se volvieron muy distintas. Por eso el discurso del “jaguar bolivariano” es una tontería, lo mismo que los “soldados de Bolívar”. No se puede jugar en el siglo XXI con las palabras del siglo XIX.

 

Mientras en Venezuela la oposición ganó hace un año largo, en Colombia no hay remota posibilidad que la ultraderecha triunfe en marzo y en mayo, así la empresa colombiana que escrutó la fraudulenta votación en Honduras sea la misma que el Registrador contrató para contar los votos en las elecciones de Colombia. Las fuerzas progresistas o de izquierda son muy distintas en los dos países. Colombia tiene líderes, Venezuela no. Pero también la ultraderecha y el centro, en su dispersión y lagunas intelectuales y programáticas, están ahí, y seguramente convencerán a Trump que Fajardo es al que hay que apoyar.  

 

Entonces, desde la primera vuelta la pelea será entre Cepeda y Fajardo, y todos unidos contra el Pacto y contra millones de colombianos que lo acompañan. Serán elecciones sucias, peligrosas, llenas de mentiras, con mucha inseguridad contratada para justificar el discurso de la seguridad, porque nada más hay en el cerebro de la ultraderecha y del centro. Las ideas están en el progresismo, pero hay que trabajarlas día a día para profundizar en ellas y mostrar la gran diferencia de la pobreza ética, intelectual y programática de la oposición agarrada de la mano de Trump.