miércoles, 22 de julio de 2026

COLOMBIA: UN OSCURO PASADO UN FUTURO AMENAZADO

Desde el 31 de mayo de 2026 Colombia no ha dejado de recibir malas noticias del mundo político. Derrotas del progresismo y victorias discutibles de la ultraderecha neoliberal, que en cualquier circunstancia iba a ganar la presidencia de la república, porque era la decisión de Trump y de las dirigencias de Colombia. 

Sin embargo, las evidencias de fraude son contundentes y numerosas las formas de como se hizo, están ante la justicia. Colombia siente que tendrá un presidente ilegitimo, por tanto, indeseado porque con el transcurrir de los días queda en evidencia que es un personaje oscuro, impreparado, ignorante y fascista, para gobernar la nación. Pero ¿ahora qué viene?

¿Regreso al pasado?

El capricho de ADEL de posesionarse en una guarnición militar, nos recuerda eventos como el Golpe de Pasto, ocurrido el 10 de julio de 1944 contra el presidente Alfonso López Pumarejo, que viajó al sur para asistir a una gran parada militar. Allí, un grupo de oficiales lo retuvo durante demasiadas horas en una hacienda en el municipio de Consacá.

A partir de ese intento de golpe de estado se inició el período de la Violencia entre liberales y conservadores: el periódico El Siglo fue cerrado, y Laureano Gómez se refugió en Quito. Él es abuelo de Enrique Gómez, recién elegido senador de la república; y de Miguel Gómez, futuro ministro de Hacienda del nuevo gobierno.

No fue en 1946 con el triunfo de Ospina Pérez, que derrotó a un liberalismo dividido, ni fue a partir del 9 de abril de 1948, con el magnicidio de Jorge Eliécer Gaitán, que se perfilaba como nuevo presidente de la república, cuando se inició el período de la Violencia en Colombia.

Fue en Pasto, con el pretexto de una parada militar, que se dieron los primeros pasos hacia una guerra interna la cual dejó unos 200.000 muertos, hasta cuando en 1957 se firmó la paz entre liberales y conservadores sin acordar la solución de los problemas sociales que en parte son la razón de un conflicto que dura hasta hoy. ¿Será que por eso De la Espriella quiere posesionarse en una guarnición militar en el sur, y mostrar que ahora los militares son sus guardianes y de una mal llamada patria “milagro” milagro de qué?

Aterra que los herederos de la violencia de la mitad del siglo XX, hagan parte del gobierno y del proyecto político de la nueva ultraderecha. Atormenta, porque el discurso de ADEL no deja tranquilo a nadie, incluidos los “nunca” que votaron por él pues serán los primeros en sentir los golpes de la austeridad fiscal, de la represión, y del fin de los subsidios, incentivos y reformas sociales, porque la prioridad del siguiente gobierno es preparar las condiciones para los nuevos negocios de la economía del mercado con los activos del Estado que son de todos los colombianos.

Del León al Tigre

Como consecuencia de los decretos de Milei en los primeros cien días de gobierno, y porque ya está en marcha el discurso para su reelección: Argentina está en venta. Dice el “León” que llegará mucha inversión extranjera a pagar altos salarios en dólares. Así Argentina será rica, tanto la nación como la gente.

El pueblo ingenuo, a veces ignorante ¿volverá a votar? Posiblemente sí, si el progresismo no se organiza, une, actualiza el discurso, hace marketing digital y usa la IA.

Hay que seguir el proceso político de Argentina, para entender los impactos que tendrá el gobierno del “Tigre”, porque el segundo paquete de la franquicia del “León” Milei, también se aplicará en Colombia en las elecciones de 2030.

Hoy no hay en Colombia liberales y conservadores enfrascados en una guerra política. Ahora es una nueva ultraderecha que pone presidentes en América Latina y en Europa bajo un mismo molde – por eso se llama franquicia -, contra una fuerza política progresista y democrática, cuyas banderas en Colombia son la lucha contra la desigualdad social, la educación pública y de calidad para todos, la soberanía nacional, las energías alternativas como opción al extractivismo fósil, la ciencia y la tecnología para la reindustrialización, la defensa de los recursos naturales, el desarrollo regional, el reordenamiento de las instituciones internacionales y de los centros del poder mundial.

En un gobierno de Iván Cepeda se hubieran logrado acuerdos en temas estratégicos para afianzar e impulsar reformas sociales y políticas con el fin de avanzar en los objetivos de largo plazo que hagan de Colombia una nación avanzada, soberana, educada, interdependiente y sostenible.

Lo anterior en un gobierno de ADEL es imposible, porque no tiene idea distinta a capturar recursos públicos, beneficiar únicamente a los más superricos, legalizar dineros ilegales, eliminar a los que no sean funcionales a la franquicia, y vender los recursos naturales que necesita Estados Unidos.

En el supuesto de un mínimo acuerdo nacional que proponga ADEL, tal como lo dijo en campaña y cuando recibió la credencial de presidente electo, sería fácil aprobar la ley de pensiones, una reforma al sistema de salud, la ley de tierras para perfeccionar la reforma agraria, desarrollar el campo para erradicar la ilegalidad e impulsar la autosuficiencia alimentaria, promover la reindustrialización, mejorar la educación pública y el acceso a la misma.

También lograr la paz a las buenas o a las malas protegiendo a la población civil y avanzando en la política agraria del primer gobierno progresista, y al mismo tiempo avanzar en una transición energética sostenible, porque el fracking es una irracionalidad. Habría que establecer un acuerdo político que conduzca a reformas que traigan recursos frescos al presupuesto de la nación, como los 21 billones de la nueva reforma tributaria que deja Petro para decisión del Congreso y del mandadero de Trump, dineros que se dedicarían a inversión social y desarrollo, manteniendo el déficit fiscal abajo del 7% del PIB.

Si hay inversión para el desarrollo, la regla fiscal no se debe cumplir así el FMI, el BM, el Banco de la República y los tecnócratas neoliberales digan lo contrario, como Restrepo, el vicepresidente electo y sus ministros de la economía. Un neoliberalismo dependiente y agresivo es lo peor que le puede suceder a una sociedad que debe encontrar la paz para una feliz convivencia y que tiene todo por hacer para convertirse en una sociedad que progresa. Un siglo de violencia es demasiado tiempo para continuar con más años de crueldad, corrupción, desigualdad y atraso.

Un futuro que ojalá no sea doloroso

Un acuerdo nacional de mínimos hubiera propuesto Iván Cepeda, el cual parece difícil con el estridente presidente electo, porque su actitud es la de un autoritario precario, furioso con los colombianos de a pie, en bus o en moto, y obediente a sus paisanos del norte, porque en la agenda de la franquicia no está desarrollar la nación en las nuevas condiciones y retos del país y del mundo, sino de hacer una patria obediente al poder decadente de la ultraderecha neoliberal del norte global.

El centro hubiera podido jugar una carta a favor de un acuerdo nacional, pero tienen un problema: su ingenuidad, su superioridad de la nada, su supuesta neutralidad para un momento que requiere decisión, verticalidad, compromiso, creatividad, conocimiento y generosidad con una nación que desarrolló una tremenda fuerza de 12.7 millones de progresistas que emergieron desde la base de la pirámide social. Desde los escritorios y desde el confort, no se alcanza a vislumbrar su capacidad de respuesta y resistencia, porque fueron ellas y ellos los que hicieron posible los millones de votos de la fuerza progresista.

Así, el centro, callado, mira la desgracia que pudieron evitar, porque no tiene respuesta para una nación que requiere de nuevas construcciones ideológicas, políticas, económicas, sociales y culturales, amigables y cercanas a un pensamiento progresista que siempre debe recibir preguntas para nuevas respuestas.

No puede haber centro derecha, porque eso no existe. Quien ahora es de derecha, es de ultraderecha. Sin embargo, el centro y la centro izquierda, es la fuerza que debe unirse con el progresismo, para construir una visión de país y desde ahí enfrentar las tormentas que se avecinan, porque ya De la Espriella pulverizó las instituciones de la paz y de los derechos humanos, tal cual lo dice el estudio sobre la precarización del Estado, que alguien pagó.

Si un marco más amplio de colaboración duradera no es posible entre progresistas y el centro, el progresismo tiene la obligación de asumir la inmediata lucha política, pacífica, democrática e inspiradora para evitar un retroceso inmenso y una carga insoportable de deshumanización, desinstitucionalización y desesperanza.

Los días por venir hasta el 7 de agosto, pueden ser de alta tensión, porque la convivencia y la democracia están amenazadas por un nuevo gobierno de retroceso y sumisión, con el fin de imponer un equivocado modelo de crecimiento, una sociedad anestesiada por las religiones de la franquicia, por la alergia incontenible del consumismo, y porque occidente estará bajo el dominio del extractivismo, de la intervención y de la guerra en donde pueda, hasta que Trump sea presidente.

El verdadero desafío de Colombia no solo consiste en resistir el nuevo proyecto político, también consolidar una alternativa capaz de ajustar las instituciones, cambiar el enfoque del modelo de crecimiento neoliberal, recomponer el Estado, ampliar los derechos y fortalecer la soberanía nacional. Todo irá ocurriendo en medio de una enorme incertidumbre por razones judiciales asociadas a los resultados de la segunda vuelta presidencial, a entender y superar la bestialidad que cometieron los segmentos pobres y de medianos ingresos que cayeron como idiotas en la trampa que les tendieron con la IA, y los incomprensibles anuncios de gobierno del presidente electo, que está "detripando" el Estado. 

La esperanza: el Pacto Histórico que debe cohesionar una potente Alianza por la Vida porque no se puede dar NI UN PASO ATRÁS.


sábado, 13 de junio de 2026

COLOMBIA AMENAZADA

Foto: Gabriele Siegrist 
Cuando hace un año eran más de cien los precandidatos a la presidencia de Colombia, el señor De la Espriella, autodenominado el “Tigre”, era uno más. Pero su estrategia política venía en camino y se abría paso sin que nadie se alertara.

Así surgen estos personajes destructivos en la política latinoamericana, como éste: 30% italiano, 32% colombiano, 38% gringo, mitad tigre mitad tigresa, porque son escogidos, enganchados y preparados para tomarse el poder e imponer el más espantoso modelo autoritario, subordinado y neoliberal: el estado del Mercado sin libertades sin equidad sin soberanía ni dignidad.

Personajes fabricados como agentes de la dependencia para dominio del gran poder neoliberal de Estados Unidos y del occidente global, son inventados para destruir países a través de formas de gobierno impositivas, destructivas y subordinadas.

Son engendros emergentes, en el caso de Colombia, no provienen de las élites liberales y conservadoras tradicionales, sino de una naciente clase social de las economías ilegales que surgieron hace medio siglo.

Su conocimiento nació desestructurado en una universidad de directivas de ultra derecha. Su desarrollo profesional lo hizo como defensor de paramilitares e ilegales provenientes del carril emergente del narcotráfico, del paramilitarismo, del neoliberalismo, de los latifundistas, de la corrupción y de la ilegalidad. Por eso, el nacido en Zahagún, maltratador de su madre, mala persona, desagradable y mamarracho, rechaza el apoyo de los partidos tradicionales, porque sobre el descrédito de estos montó su carpa, así por debajo de la mesa tenga pactos con todos los clanes políticos del Caribe y de otras regiones.

No necesita desarrollar y debatir su plan de gobierno de tres páginas, porque debe permanecer escondido, y menos debatir para evitar que Iván Cepeda (cuyo plan de gobierno "las tres revoluciones"  consta de 118 páginas) ponga en evidencia su ignorancia y peligro para Colombia, y evitar que la ciudadanía se dé cuenta del terror que asecha sobre el estado y la sociedad.

El proyecto de destrucción del Estado, vía la privatización y el cierre de ministerios y agencias del estado, la destrucción de la educación pública, el fin de los subsidios para los menos favorecidos, cero reformas sociales, ninguna reforma al poder político y a la justicia, fracking devastador de la naturaleza, glifosato asesino de campesinos, crímenes indiscriminados como en los años de los falsos positivos y de miles de desaparecidos, son la base sobre la cual se montan los pilares de su plan de gobierno para destruir el Estado y la maltrecha democracia representativa.

La preocupación detrás de este oscuro personaje es el inagotable poder económico que lo financia, sobre lo cual el CNE nada dirá. La corrupción electoral vía la Registraduría, y la coacción de los empresarios a sus empleados, complementarán la tarea. Tiene una masa importante de seguidores que pulverizaron el centro, el cual sería culpable de una derrota de Cepeda.

Si llega a ganar, mostrará que Colombia se destruyó como sociedad y como Estado, porque las reformas que trae un neoliberalismo neofascista se impondrá vía decretos desde la Casa de Nari, y lo que haga falta lo hará por el Congreso de la República y las Cortes. Dolor, sangre, sufrimiento, atraso, injusticia social, desplazamientos, devastación, pérdida de soberanía, corrupción, impunidad, es lo que vendrá con el Tigre de Trump.

Finalmente ¿cómo una persona de la trayectoria de José Manuel Restrepo, rector de tres universidades privadas y doble ministro de Estado, aspira a la vicepresidencia de Colombia de la mano de un siniestro tipo? ¿Por ahí viene el poder tradicional y los nuevos emprendedores?          

 

lunes, 13 de abril de 2026

LA OPOSICIÓN ANTE LA DERROTA Y EL BANCO DE LA 

REPÚBLICA NEOLIBERAL

Este artículo fue inicialmente publicado en la REVISTA SUR de la Corporación Latinoamericana del Sur


Foto: Gabriele Siegrist
Descontrol en la ultraderecha y en el centro 

Los opositores al progresismo han entrado en un estado de esquizofrenia colectiva, entendida como un fenómeno sociológico y psicológico donde una parte de la sociedad rompe con la realidad y reacciona de forma histérica ante amenazas inexistentes. A través de redes sociales y medios de comunicación afines, amplifican estas narrativas, profundizando la fractura social y promoviendo un clima de desorden electoral para favorecer al neoliberalismo y a una oposición que pretende un resultado favorable que devuelva a Colombia al 2022 y más atrás. 



Los partidos Liberal, Conservador, Centro Democrático, Cambio Radical y el Partido de la U, son maquinarias de corrupción que compran votos y corrompen los procesos electorales. Por eso el fraude en los escrutinios es únicamente contra el Pacto Histórico, por lo cual tuvo que crear una inmensa red de testigos electorales para vigilar el escrutinio de los votos y defender sus victorias. 

 

Además, con un líder que está pendiente de una decisión ante la Corte Suprema de Justicia, la ultraderecha y los aspirantes del centro poco se diferencian en discursos y estrategias, porque todas y todos están contra el progresismo pues sienten encima el peso de una posible derrota. 

 

Mientras tanto, para la mayoría de la ciudadanía es claro que la oposición lo que quiere es destruir por destruir al progresismo, al gobierno, al candidato Iván Cepeda, por eso votan masivamente y con convicción por el Pacto Histórico.  

 

Cualquier candidato de la oposición repite mucho de lo que dice y hace el gobierno progresista, y donde existen diferencias proponen volver al pasado desconociendo que el neoliberalismo de 1991 no es la opción en 2026. El modelo neoliberal llegó en el momento del auge del mercado y de las economías ilícitas, por eso, una economía sin control derivó en una ilegalidad sin control. 

 

En 2002 el uribismo agitó una seguridad democrática que se convirtió en un genocidio a nombre de la democracia, el orden y la libertad; la cohesión socialno fue cierto porque legisló en contra de los derechos, de la igualdad y del bienestar ciudadano; y la confianza inversionista fue para atraer capitales que sustituyan los escombros productivos que dejó la desindustrialización neoliberal, y generar condiciones para incorporar las economías ilícitas en la economía legal. Este discurso no es viablen 2026. 

 

Retornar al pasado es llevar Colombia a una nueva tragedia, y es la razón del desagrado de la gente con el centro representado por Claudia López Sergio Fajardo, que con delicadeza se dirigen al uribismo, pero se manifiestanrudos contra el progresismo. 

 

La ultraderecha está dividida y agotada, y el centro aboga contra la polarización y la división, pretendiendo un escenario político perfecto en un país que recién está encontrando un nuevo camino al futuro. 

 

El Banco Neoliberal 

 

La acción de la Junta Directiva del Banco de la República de subir dos puntos la tasa de interés en los primeros meses de 2026, fue una acción anticipada de bloqueo a la política económica. El Banco se unió a las Cortes y al Senado de la República para neutralizar la acción del gobierno progresista, desconociendo que el apretón económico se debe a que negaron recursos frescos para cumplir con los compromisos de gobierno. 

 

La economía, desde Gaviria hasta Duque, se pensó para importar y no para exportar. Es la diferencia de Colombia respecto a economías de mercado más avanzadas que transforman sus estructuras productivas con base en la fertilización entre producción, innovación, investigación, desarrollo tecnológico y educación, para impulsar procesos sostenidos de cambio en el sistema productivo, en la sociedad, en los territorios en el Estado. 

 

La fragilidad de la economía colombiana es obra y gracia del neoliberalismo que no ha podido hilar textos iluminadores, innovadores, duraderos y sinceros, porque no explican la razón de fondo de la baja productividad, la magnitud de las economías ilegales y cuáles sus impactos que distorsionan el comportamiento de la economía, y las fallas institucionales que al menos en los últimos treinta y cinco años derivaron en una corrupción extendida en la sociedad y en el poder. 

 

Al desconocer su importancia cuantitativa y sus efectos en la producción y en la sociedad, sus lecturas de la economía, la sociedad, el conocimiento, la política y las instituciones, son incompletas y esconden muchas cosas que impiden encontrar un rumbo más despejado para Colombia. 

 

Si le toman una ecografía a la facturación de las empresas, mostraría que el efecto combinado entre evasión, informalidad e ilegalidad, es monumental. Las bajas tasas de tributación son estructurales, vienen de atrás, y se debe a que las empresas evaden, la gente no pide la factura electrónica, y los grandes capitales pocos tributos pagan. 

 

Entonces, hay una economía escondida que navega entre las actividades formales, informales e ilegales, y explica un crecimiento a nivel del promedio de América Latina, pero muy por debajo de las ascendentes economías asiáticas. 

 

Sería bueno que la Junta del Banco explique los factores escondidos detrás de la inflación para justificar el aumento acelerado de las tasas de interés, y por qué la meta de inflación es del 3%, y no de 3.5, 4.0 o 4.5, como en muchos países. Se necesita una ley para que el Banco trabaje en tres grandes temas: inflación, empleo y productividad. 

 

Cualquier acción desafortunada de las Cortes, del Senado y del Banco Emisor se enfrenta con la dinámica de las economías ilegales que no están explicadas en las medidas con las cuales bloquean al gobierno.  

 

Una especie de economía de la hipocresía atraviesa las cuentas oficiales y las dinámicas del mercado y del poder. Las críticas al gasto del gobierno no son válidas si los otros dos poderes y el Banco, le bloquean recursos, de manera directa o indirecta; para cubrir déficits heredados, invertir en desarrollo y en las políticas sociales. 

 

La economía que no ve la oposición 

 

En los cuatro años del gobierno del Pacto, una economía formal, legal y más productiva está emergiendo: la agricultura crece por mayor productividad, demanda interna y exportaciones; el sistema de movilidad empieza a jalonar cambio tecnológico sostenible por los proyectos del tren. Asimismo, están los progresos con la energía solarlas nuevas fábricas en construcción para la producción nacional de medicamentos; los desarrollos de la industria militar con la producción de fusiles y carros blindados, el diseño y construcción de buques para propósitos de defensa, salud y regiones apartadas con grandes ríos, y una nueva fuerza aeroespacial, son acciones asociadas a la reindustrialización, que se  suman a mayores inversiones en cultura más cupos en la educación pública.  

 

Son transformaciones que requieren de recursos humanos calificados, de nuevos o fortalecidos centros de investigación, de condiciones para emprendimientos de alta complejidad, desarrollos en las nueva tecnologías 4.0 y 5.0 y las que vendrán, otras tecnologías para la producción en nuevas actividades. Para ello, el salto en educación, ciencia y tecnología, debe ser monumental.  

 

Son dinámicas que se van agregando a la economía, y de lo cual no dan cuenta ni los analistas ni los medios de comunicación de la oposición, ni la Junta Directiva del Banco que no es ni autónoma ni independiente, y si de muy limitada responsabilidad técnica que podría ser sustituida por la IA. 

 

Los dos temas que aún le faltan a la propuesta de Iván Cepeda son: la política de reindustrialización que es uno de los seis puntos convenidos con Clara López, la de cienciatecnología e innovación. La reindustrialización si bien tiene efectos difundidos en todos los territorios, es en las ciudades donde más se desarrolla. Sin embargo, son avances que también retornan al campo donde emergen nuevos procesos de desarrollo sostenible asociados a la agricultura, energías alternativas, bioeconomía y preservación de recursos naturales finitos Es un círculo virtuoso por lo cual centrarse únicamente en la ruralidad no es suficiente, porque las periferias urbanas también son inmensas y el potencial de los recursos humanos es muy grande y en el largo plazo se puede tornar infinito. Al final, campo-ciudad conforman en muchos aspectos sistemas complejos comunes. En otros, son desarrollos o sistemas de cada ámbito, pero, en su mayoría, son desarrollos campo-ciudad.  

 

Lo que viene: la victoria del progresismo 

 

Colombia no puede retroceder ni cometer los errores de otros países de la región, caso de Ecuador que después de Correa se convirtió en una república bananera del narcotráfico; Argentina con Macri y Milei que entregaron la economía al FMI cuando Kischner ya le había pagado la deuda; Brasil con Bolsonaro quiso tirar por el balcón todo lo ganado con Lula, Dilma y el Partido de los Trabajadores (PT) en veinte años. 

 

Colombia debe aprender de México, de Brasil, de Uruguay, y de sus primeros cuatro años de progresismo, para tener más años de construcción de una sociedad democrática, rotundamente menos desigual y sostenible. 

 

En el progresismo de Iván Cepeda, del Pacto Histórico y de cualquier lugar del mundo, no está el comunismo ni el socialismo que murieron en el muro de Berlín y en la caída de la Unión Soviética. El asunto ya no es la lucha de clases y los medios de producción en manos del Estado.  

 

Las banderas de la sociedad actual son otras: igualdad multidimensional, calentamiento global, nuevas revoluciones tecnológicas, corrupción, concentración económica en pocas manos, economías ilegales incluidos los paraísos fiscales, cadenas internacionales de suministroestado emprendedor, orden multipolar y  reorganización de las instituciones globales. 

 

Colombia debe construir su propio modelo de sociedad. Nadie vendrá a pensar ni a escribir el país que debemos ser. Ese es el desafío histórico. 

 

En esa perspectiva, el camino del Pacto Histórico, de sus aliados y de la candidatura de Iván Cepeda no es solo una opción electoral: es la obligación de consolidar un rumbo. Si la oposición insiste en mirar hacia atrás, el progresismo deberá demostrar que el futuro no solo es posible, sino inevitable.