lunes, 5 de enero de 2026

EL IMPERIO, LA FARSA Y LO QUE VIENE PARA COLOMBIA


Foto: Gabriele Siegrist
El Imperio 

No era necesario que el gigante de las Américas mostrara en el Caribe el 25% de su fuerza naval para sacar a Maduro. Tal vez lo hizo porque solo en estos mares lo puede hacer, porque en otras aguas se encontraría con las marinas de Rusia y de China, los otros dos dueños del nuevo mapa geopolítico mundial, para un planeta que parece se dividieron entre los tres, más el papel ascendente de los otros miembros de los BRICS, que aún no sabemos de su protagonismo en el reordenamiento geopolítico y geoestratégico del mundo.


Trump llegó a frenar a China y a Rusia, pero casi todo le ha salido mal a los ojos del mundo, aunque de pronto bien para sus intereses personales y de las grandes corporaciones detrás de su gobierno y de las acciones del Estado, porque son los dueños de la economía como ocurre en Colombia con las EPS, las concesiones viales y mucho más. A Trump le importa su básico capitalismo neoliberal anclado a las industrias de la guerra y de las redes.


A Estados Unidos solo le interesan las riquezas naturales de América Latina, su mano de obra barata y dirigencias obedientes cual mayordomos del patio trasero de Mar-A-Lago, porque desde ahí Trump vio en directo la “hazaña” de la Fuerza Delta contra Maduro. Así mira Trump a la región, desde su casa de recreo, porque la acción contra el expresidente venezolano no ameritaba seguirla desde la Casa Blanca. No era un asunto de atención nacional y de conmoción global. Era una operación en una de sus 32 haciendas al sur de su campo de golf. Habrá momento para ocuparse de manera más prolija a este nuevo mundo de las tres superpotencias, de los BRICS y el papel de nuestros países para sobrevivir. 


Estados Unidos no vacila en apretar el gatillo, y siempre que lo hace, el mundo es peor, porque solo dejan destrucción. Únicamente le teme al botón nuclear porque sabe que también desaparecería. 


La farsa 


En el último año, los medios y el gobierno de Maduro mostraron tanques, artillería, misiles y los cazas rusos, para mostrar que tenían como defenderse con dignidad de las fuerzas de Trump. Pero, ni un tiro, ni un misil, ni un caza de la fuerza aérea, ni siquiera una cartuchera. En treinta minutos entraron al fuerte donde dormía el exgobernante, y en minutos se lo llevaron. Los muertos son ante todo cubanos de la guardia de seguridad, lo cual muestra que ni Chávez ni Maduro confiaban en las tropas de su país, cuando a comienzos de siglo hubo un intento de golpe de estado.  


Muchas veces ha ocurrido así con las fuerzas armadas de América Latina, desde Guatemala hasta la Patagonia, pasando por las islas del Caribe. Han sido ejércitos al servicio del Comando Sur, y políticos al servicio de la Casa Blanca. Los gastos de defensa de las fuerzas armadas latinoamericanas para la defensa contra terceros, es un gasto inútil. De nada sirve. Recuerden que Irak, según los medios, tenía el cuarto ejército más grande del globo, antes de la primera guerra con Estados Unidos. De nada les sirvió. En menos de dos meses lo aplastaron.    


Cuando se cayó la mentira del Cartel de los Soles, rápidamente Trump dijo que su interés era el petróleo y otros recursos de Venezuela. La extracción de Maduro ocurrió de manera “limpia”, porque las defensas estaban desactivadas. Por eso ni un general, ni comandante, ni alto oficial, ni suboficial, ni tropa nacida en el país, murieron en defensa de la patria.  


La presidenta interina y otros del alto gobierno negociaron la traición y la farsa. Trump los dejará tranquilos cuando asegure el retorno de las petroleras a Venezuela, para extraer nuevamente 3.6 millones de barriles día vs el millón de hoy; y cuando imponga un gobierno de su confianza.  Venezuela nunca desarrolló tecnología y bienes para la explotación y transformación de hidrocarburos, y otros sectores de sus derivados. Por eso cayó su producción. Ni Chávez ni Maduro lograron en 25 años algún desarrollo tecnológico y productivo


La dependencia es una especie de deficiencia genética.  No se piensa ni se actúa por si mismosino a través de lo que dicen y hacen las naciones que son intensivas en conocimientoinvestigacióndesarrollo e innovación para la soberanía. La soberanía se construye, la soberanía es mucho más que palabras porque muere como la libertad que invoca la ultraderecha para justificar sus barbaridades. La dependencia humilla, la subordinación igualpor eso el ejército de Colombia está al 65% de sus capacidades, y lo peor, es que las armas para la protección del presidente eran prestadas por Estados Unidos. Bueno, de ahí en adelante se puede pensar cualquier cosa de la indigna, genuflexa y vendida dirigencia que tenemos.

 

Lo que viene para Colombia 

 

Desde el primer día del gobierno de Trump II el presidente Petro no fue de su agrado. Desde entonces, la ultraderecha y la centro derecha se han encargado de desprestigiarlo o de amenazarlo. Seguramente el plan contra Colombia está listo y solo espera Trump el momento para ponerlo en marcha, lo cual será en los próximos días, porque en dos meses habrá elecciones para el Congreso y en cuatro para elegir presidente de la república. Es decir, la campaña ya viene en modo de Trump en complicidad con la ultraderecha colombiana de acá y con la que vive en Miami.

 

Las primeras acciones se vivieron con las trabas al Pacto Histórico para su consulta interna y la inscripción de listas al Congreso; los ataques de Trump al presidente Petro es la segunda ola de acciones; la amenaza de algo peor para Petro que lo ocurrido con Maduro, es el inicio de la fase tres; y como cuarta fase, veremos en los próximos días cual es la estrategia contra el Pacto Histórico e Iván Cepeda, que ha actuado con claridad y ponderación a lo sucedido en Venezuela.

 

Si el Cartel de los Soles fracasó y la manera como ocurrió la extracción de Maduro es una farsa, Trump tiene que hacer algo muy distinto, porque Colombia no es Venezuela, nuestras realidades se volvieron muy distintas. Por eso el discurso del “jaguar bolivariano” es una tontería, lo mismo que los “soldados de Bolívar”. No se puede jugar en el siglo XXI con las palabras del siglo XIX.

 

Mientras en Venezuela la oposición ganó hace un año largo, en Colombia no hay remota posibilidad que la ultraderecha triunfe en marzo y en mayo, así la empresa colombiana que escrutó la fraudulenta votación en Honduras sea la misma que el Registrador contrató para contar los votos en las elecciones de Colombia. Las fuerzas progresistas o de izquierda son muy distintas en los dos países. Colombia tiene líderes, Venezuela no. Pero también la ultraderecha y el centro, en su dispersión y lagunas intelectuales y programáticas, están ahí, y seguramente convencerán a Trump que Fajardo es al que hay que apoyar.  

 

Entonces, desde la primera vuelta la pelea será entre Cepeda y Fajardo, y todos unidos contra el Pacto y contra millones de colombianos que lo acompañan. Serán elecciones sucias, peligrosas, llenas de mentiras, con mucha inseguridad contratada para justificar el discurso de la seguridad, porque nada más hay en el cerebro de la ultraderecha y del centro. Las ideas están en el progresismo, pero hay que trabajarlas día a día para profundizar en ellas y mostrar la gran diferencia de la pobreza ética, intelectual y programática de la oposición agarrada de la mano de Trump.

 

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