UNA CUMBRE POR LA BIODIVERSIDAD Y EL CAMBIO GLOBAL
Jaime Acosta Puertas
Foto: Gabriele Siegrist |
La Conferencia de las Partes del Convenio sobre la Diversidad Biológica -COP16, es el espacio de discusión y toma de decisiones establecido por las Naciones Unidas (NU), para abordar problemas apremiantes como el cambio climático, pérdida de biodiversidad, conservación de ecosistemas y defensa de las personas dedicadas a la conservación, reconociendo que existen relaciones desiguales, actividades que sobreexplotan las capacidades de la naturaleza y que plantean la necesidad de mejorar la relación, entre los humanos y los ecosistemas. Cuatro son las apuestas priorizadas:
l Generar una visión que refleje coherencia intersectorial en la planificación y gestión territorial conjunta en áreas preservadas y transformadas. En Colombia, a pesar de las políticas, los resultados a duras penas se sostienen.
l La economía debe reconocer y comprender la importancia de la biodiversidad para su propio funcionamiento y prosperidad. En Colombia, esto no se ha entendido y la biodiversidad es arrasada.
l Contener el daño a la biodiversidad, asumiendo las causas que están ocasionando su pérdida, en Colombia, relacionadas con el conflicto armado, la criminalidad organizada, el extractivismo fósil y sus combustibles.
l Gobernanza y movilización de recursos para el bienestar de los grupos étnicos y comunidades locales, en Colombia, marginados, maltratados, violentados y explotados.
La COP16 será la primera tras la adopción del Marco Global de Biodiversidad Kunming-Montreal, que tuvo lugar en la COP15 de 2022, con objetivos y metas para detener y revertir la pérdida de biodiversidad en 2030. Entre otras:
Conservar el 30 % de las zonas terrestres, marinas y costeras en el mundo; restaurar el 20 % de los ecosistemas de agua dulce, marinos y terrestres degradados; reducir a la mitad los nutrientes que se pierden en el medio ambiente y en dos tercios las sustancias químicas perjudiciales para la diversidad biológica; minimizar el impacto del cambio climático en la diversidad biológica, con Enfoques y Soluciones Basadas en la Naturaleza y en los ecosistemas; y aumentar en US$ 200.000 millones los recursos internacionales hacia los países en desarrollo.
Antes de la COP16 los países participantes presentaron la actualización de sus Estrategias y Planes de Acción Nacionales sobre Biodiversidad, y definir una línea de implementación con metas y planes específicos al 2030 y más allá.
Sin embargo, la preservación de la biodiversidad se debe hacer como una transición multisistémica justa que incluye el cambio tecnológico sostenible, las fuentes de energía renovables no convencionales y procesos sostenidos de reindustrialización sostenible amparados en un cambio global hacia la desmaterialización.
No son cambios parciales, segmentados y desconectados los que harán posible defender la biodiversidad y con ello la vida. Son cambios intersectoriales, multisistémicos, complejos, y al tiempo. Es un movimiento entre sociedad, gobiernos, organismos internacionales, empresarios, emprendedores, investigadores, innovadores y educadores, y de políticos a reinventar porque la corrupción, la incapacidad, los intereses y la ilegalidad los atravesó.
Cambio global por la biodiversidad
Hasta ahora se constatan insuficientes las investigaciones científicas, la movilización ciudadana, las voces de organizaciones independientes y de organismos internacionales contra el modelo de crecimiento de un capitalismo insostenible que un día no lejano harán de este mundo un lugar imposible para la vida porque el crecimiento del PIB y del consumismo ilimitado se afirma como símbolo de la “libertad, democracia y bienestar”, sin importar la pérdida irreparable de la biodiversidad y los impactos negativos que ocasiona el descontrolado mercado.
Ha transcurrido más de medio siglo desde el famoso informe de los “Límites del crecimiento” del Club de Roma, y en términos reales, a pesar de la magnitud de la información producida, y de ingentes esfuerzos por formar conciencia para un uso racional que no destruya la biodiversidad y al tiempo proteger el medio ambiente, se requiere pensar modelos de crecimiento racionalmente aceptables, porque todos los días se pierden batallas y el mundo no quiere entender que es necesaria otra sociedad, otra economía, otra ciencia, otra cultura, otras regiones, otras ciudades, otra política, que no sea el crecimiento infinito en un planeta finito en recursos por lo cual la defensa de la biodiversidad no es negociable.
La naturaleza resiste
Si fuera por los resultados de las investigaciones científicas serías, no las compradas para mostrar un planeta feliz, la humanidad estaría en las calles para cambiar el desorden generado por la destrucción de la biodiversidad y el daño ambiental ocasionado por el irracional consumismo y las energías fósiles.
Los avances tecnológicos solo sirven para desacelerar la tasa de residuos tóxicos que van a la atmósfera a dañar el medio ambiente, pero no para reducir el calentamiento global y las causas que lo generan porque detrás del cambio tecnológico no hay un cambio político y cultural para un cambio del capitalismo destructor. Entonces, la humanidad se encamina a perder las siguientes batallas, porque se cree que se han ganado las previas contra los “pesimistas y exagerados”, pues todavía no se han visto catástrofes colosales. Con eso juega el neoliberalismo económico y político mundial.
Las fuentes de agua dulce se están agotando, sobre todo en la franja de la línea ecuatorial, aún no en los países del norte, por eso la sociedad todavía no toma conciencia del sostenido deterioro. La deforestación avanza y la Amazonia y las selvas del Pacífico se adelgazan. El río Amazonas en su paso por Colombia y el Perú solo conserva un 10% de su caudal, porque las lluvias no volvieron por una combinación letal entre deforestación, calentamiento global y los millones de hectáreas que Brasil ha destruido para aumentar los cultivos comerciales.
La biodiversidad se agota poco a poco, las metas al 2030 son como las de un ejército en retirada, mientras la población mundial crece, la naturaleza se destruye y el calentamiento aumenta hasta el día cuando los ecosistemas no aguanten más y todo acabe.
Los abanderados del desarrollo sostenible, los progresistas, algunos verdes, los de la desmaterialización, hasta ahora han sido “derrotados” por los “optimistas y tecnófobos” defensores del crecimiento a ultranza, y por los miles de millones de habitantes ahogados en el consumismo ilimitado. Las metas trazadas en la COP 15 así lo evidencian, cuando aluden a conservar el 30 % de las zonas terrestres, marinas y costeras en el mundo, y restaurar el 20 % de los ecosistemas de agua dulce, marinos y terrestres degradados.
La sociedad desmaterializada
A una sociedad sin ideas nos ha conducido el consumismo ilimitado lo cual es la subvaloración de su condición humana y de su inteligencia. Medios de comunicación y empresas de publicidad, diseñadores que mejoran la forma de los productos y sus empaques, ingenieros y diseñadores que crean productos desechables no esenciales, CEO con nuevas estrategias para atraer masas de consumidores, académicos que modelan el crecimiento destructivo, y tecnócratas fungiendo como reguladores del consumo ilimitado y destructivo de los recursos naturales, son responsables del crecimiento irracional. Todo parte de una educación que prepara deformados funcionales para el consumismo y el crecimiento sin límites.
Hoy el mundo requiere de una destrucción creativa sostenible, que acabe con tanto producto innecesario y contaminante que sea reemplazado por nuevas olas de innovación sostenible.
Es hora de usar mejor la ciencia y la tecnología, darle una nueva orientación a la educación, al emprendimiento, a la producción, y converger en un proyecto global de defensa de la biodiversidad sin depredadores que le quitan segundo a segundo un vaso de agua a la tierra y a la vida. El sentido de equidad, bienestar y felicidad, no se puede medir por el acceso ilimitado a bienes de consumo, la mayoría innecesarios. Si el mundo asume la crisis, la transición y la actual incertidumbre bajo nuevas categorías, se podría salvar la tierra y las generaciones que la habitarán.
La sociedad mundial debe moverse para que las artes, el conocimiento, la investigación y las potencialidades de los maravillosos avances de la ciencia y de la tecnología, sirvan más allá de la sociedad de consumo y del crecimiento que tenemos. Nunca se ha tenido tantas condiciones para una revolución de las sociedades sostenibles y los cambios institucionales que conllevan.
Colombia, una esquina de las Américas, es el típico modelo de crecimiento que no debe ser. Dependiente de poderes hegemónicos, da la tecnología de otros, del extractivismo global por el cual miles han muerto en su interminable guerra interna, con una dirigencia compulsiva por capturar tierras y robarle al Estado. Sus partidos políticos son disparates ideológicos propios de cualquier sociedad fallida, como la definieron los Premio Nobel de Economía 2024 (Acemoglu y Robinson) en 2016, porque su sistema productivo no es innovador, la ciencia que se hace es escasa, la inequidad y la injusticia social es la principal característica como sociedad, y la educación es deficiente por eso en las pruebas Pisa es el último país en la OCDE, y en lectura critica también se raja. Detrás de esos rezagos y desequilibrios está la gente poderosa de Colombia, que no tiene interés en cambiar el sistema, incluida la protección de la biodiversidad y el uso racional de la misma. Por eso el cambio debe venir de adentro y de afuera porque hay un poder atrincherado en la acumulación depredadora.
Bien dice Laura Quintana en su libro Espacios Afectivos (Herder. 2023): “Al explotar territorios, contaminar suelos, fuentes de aire y de agua, las cadenas de suministro los asumen como recursos naturales disponibles, mientras que para las comunidades afectadas son agentes vitales en medio de los cuales han tejido una existencia…. porque para sus habitantes es un lugar lleno de vida”. Esto les ocurrió a las comunidades del Cesar, La Guajira, del Magdalena medio, y otras por donde el extractivismo pasó y destruyó, al final poco o nada dejó, incluida Colombia como nación extractivista y rentista destructora de una maravillosa biodiversidad que agoniza en el Amazonas, y en tantos ríos, quebradas y nevados que desaparecen.
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